Se realizó un estudio sobre la prevalencia de síntomas en pacientes oncológicos y no oncológicos, ordenando los 11 síntomas más frecuentes. Entre ellos encontramos:

  • Dolor
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Confusión
  • Astenia
  • Disnea
  • Insomnio
  • Nauseas
  • Estreñimiento
  • Diarrea
  • Anorexia

El dolor aparece con una frecuencia entre 30 a 90% en las patologías como cáncer, SIDA, Insuficiencia Cardíaca, EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) y enfermedad renal.

Los síntomas son cambiantes en el tiempo, debido a la evolución de la enfermedad, a los efectos adversos de las terapias utilizadas (cirugía, radiote­rapia, quimioterapia), a la respuesta al soporte paliativo del equipo y a las propias vivencias del paciente y sus cuidadores.

¿Cuál es el criterio para el uso de fármacos en pacientes terminales?

OBJETIVO PRINCIPAL: ES EL CONFORT. Debemos recordar este extremo. Nunca vamos a curar al enfermo y toda medicación que suministremos irá encaminada a mejorar el bienestar de nuestros pacientes.

Eficacia comprobada: Esto no está reñido con la investigación correcta, que es muy importante. Simplemente, intentaremos evitar el ir cambiando de un medicamento a otro, probando por sistema los últimos preparados que salen al mercado. No son necesarios más de 15 ó 20 medicamentos para controlar los síntomas de los pacientes terminales, pero de los cuales debemos tener un conocimiento exhaustivo.

Pocos efectos indeseables subjetivos: Como en toda actividad médica, a la hora de prescribir un fármaco, debemos sopesar sus ventajas y sus inconvenientes o lo que es lo mismo, su efecto terapéutico y sus efectos secundarios. Sin embargo, dadas las peculiaridades del enfermo terminal, los efectos secundarios de algún medicamento, al no producir malestar subjetivo, no nos van a preocupar demasiado. Por ejemplo, en un tratamiento con corticoides, nos importará si provoca dolor de estómago o hemorragia digestiva, pero nos importará muy poco si provoca “cara de luna llena”, generalmente indiferente para el enfermo. No olvidar que la aparición de efectos secundarios desagradables para el enfermo es la causa más frecuente de que los deje de tomar.

Procurar usar la vía oral. Evitar pastillas grandes y de mal sabor: Por lo que respecta a la vía oral, se profundizará en ello más adelante al hablar del dolor. Muchas veces, sin embargo, no tenemos en cuenta otros aspectos más sutiles, como es el tamaño de la pastilla. Son enfermos con frecuentes problemas para tragar y el tamaño del comprimido o tableta puede llegar a ser importante. En otras ocasiones, se trata de medicamentos con muy mal sabor. Alguno de los jarabes que utilizamos como laxantes son repudiados por un buen número de enfermos, lo que nos obliga a buscar otras alternativas.

Vías de administración alternativas: Aparte de algunos tumores de la cavidad oral o vías digestivas altas en que puede haber problemas de deglución durante mucho tiempo, en la mayoría de los enfermos la vía oral es practicable hasta los últimos días u horas de vida. Cuando esta vía de administración no es posible, tenemos que pensar en vías alternativas. La que más utilizamos es la vía subcutánea por su efectividad y facilidad de uso. Cada vez va habiendo más fármacos preparados para la administración transdérmica (parches), sobre todo analgésicos. Son muchos los enfermos que rechazan los supositorios, pero éste no es motivo para que no lo tengamos en cuenta. Otra alternativa podría ser la vía sublingual, pero tampoco hay muchos medicamentos comercializados de esta manera. La vía intramuscular no la usamos nunca por ser muy dolorosa y no ofrecer ninguna ventaja sobre la sub cutánea. La vía intravenosa, en muy contadas ocasiones, sobre todo en enfermos ingresados a los que ya se les estaba practicando esta vía con otros fines.

Administración sencilla: Cuanto más fácil sea el régimen terapéutico, más posibilidades de su cumplimiento. Cuando se pueda, se elegirá un medicamento de acción prolongada (es mejor un comprimido cada 12 horas, que uno cada 4).

Restringir en lo posible el número de fármacos: Se suele admitir, como máximo, 4 ó 5 medicamentos para que el enfermo cumpla el tratamiento. Por desgracia, esto no siempre es posible debido al gran número de síntomas que, con frecuencia, nos vemos obligados a tener que controlar. En estudios amplios hechos al respecto, se ha comprobado que cuanto mayor es el número de tomas que el enfermo debe seguir, menor será el grado de cumplimiento. Estamos muy equivocados los médicos si pensamos que los enfermos toman todos los medicamentos que les prescribimos. Intentaremos retirar los fármacos que ya no sean necesarios, aun que el enfermo los lleve tomando mucho tiempo.

No olvidar nunca las medidas no farmacológicas: Aparte del soporte emocional, no olvidar las medidas físicas, muy útiles en ocasiones (aplicación de frío o calor, masajes, etc.).


Dra. Marcela Solórzano

Doctora en Medicina y máster en Cuidados Paliativos del Centro Clínico Escalón

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