Debido al choque de las placas tectónicas del Caribe y de Cocos, originaron, el 13 de enero de 2001, un terremoto que cobró la vida de 944 personas en El Salvador, que tuvo una magnitud de 7.7 gradios en la escala de Richter y que tuvo el epicentro frente a la costa de Usulután, a eso de las 11:33 de la mañana.

Según datos del Comité de Emergencia Nacional (COEN), el siniestro destruyó 108 mil 261 viviendas, 445 derrumbes, mil 155 edificios públicos.

Las pérdidas que sufrió El Salvador se estiman en mil 255.4 millones de dólares, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL). “Sus efectos se hicieron sentir en la economía, la sociedad y el medio ambiente. Gran número de viviendas, carreteras, caminos y otras estructuras fueron dañados o destruidos. A pocas horas del desastre se declaró Estado de Emergencia Nacional”, informó la institución.

El mayor impacto del terremoto se dio en la Colonia «Las Colinas» de Santa Tecla donde se originó un deslave de tierra de 150 mil metros cúbicos, que se desprendió de la Cordillera del Bálsamo, sepultando cerca de 200 casas y con ellas muchas personas.

El cardenal Gregorio Rosa Chávez celebró una misa hoy en el lugar que aún se considera un riesgo y criticó la falta de mantenimiento de las obras de mitigación que se hicieron tras el alud de tierra.

Un mes más tarde, el 13 de febrero de 2001, otro terremoto de 6.6 en la escala de Richter también afectó gravemente al país. Ambos sismos dejaron más de 1,200 fallecidos y causaron pérdidas estimadas en más de mil 600 millones de dólares.

Todo el país vivió las graves consecuencias del movimiento telúrico, especialmente los departamentos de la zona costera. El motivo por el que hubo tantos afectados es que gran parte de la población se ubica en zonas sensibles a los sismos como las inmediaciones de los volcanes y los lugares donde el contacto entre placas se produce con más frecuencia.

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