A 196 años de independencia, ¿vivimos en democracia?

En nuestro país tenemos un corto recorrido en el camino democrático de 196 años de independencia. Sin embargo, el apelativo democrático ha sido siempre una construcción imaginaria en la que se ha trabajado muy poco como sociedad.

La democracia es mucho más que reunirnos a ejercer el sufragio para elecciones cada tres años para alcaldes y diputados, o cada cinco años para presidente; que dicho sea de paso estos períodos electorales nos someten a un eterno ambiente politizado y en un enriquecimiento de los partidos políticos, tomando de las arcas del Estado con la denominada deuda política.

Es necesario que la sociedad salvadoreña entienda que la democracia es algo más amplio; que los partidos políticos no son los protagonistas en la construcción de la democracia; que esta va más allá de la política partidaria. La democracia es la vivencia de actitudes concretas en el ejercicio de la libertad y en el respeto de los derechos individuales y sociales.

El respeto a la dignidad de la persona, la libertad, la justicia, la verdad, la participación, la igualdad por mencionar algunos de los valores democráticos; son valores que no se sostienen en el Estado como organismo rector de la sociedad, sino están encarnados en el diario vivir de las personas que conforman sociedad y Estado. Estados garantes de la mano de sociedades demandantes y diálogo entre ambos son la manera real de construir la democracia.

Por el momento, la situación actual nos hace ver que la  sociedad camina en torno al autoritarismo de dos cúpulas partidarias que están idolatrando el dinero, que son autoritarias, que tienen como centro de acción los intereses corporativos y que no tienen visión democrática.

A mi parecer, no deben ser los partidos políticos los que decidan el destino del pueblo. Los partidos políticos solo son medios, instrumentos en la democracia participativa. Pero en nuestra sociedad se han vuelto el fin último de todo.

Necesitamos que la sociedad independiente de la política partidaria comience una verdadera educación política y democrática de los ciudadanos. La falta de líderes políticos y sociales nos tiene sumergidos en una crisis sin precedentes en la historia del país.  La corrupción, el narcotráfico insertado en las estructuras del Estado y de los partidos políticos, la trata de personas, la venta de armas; son secretos a voces que reclaman a la sociedad que despierte de sus esperanzas mesiánicas en los partidos políticos y nos demos por enterado que es necesario construir verdadera democracia para avanzar en el progreso del país.

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