Po(e)sología sin (ad)versos afectos.

La distancia más corta entre dos puntos lo define mi respeto por tu vida. Llevo meses intentando medir lo más cerca que puedo estar tuyo sin invadir tu espacio vital. Si me has visto distante, no es porque extrañe tu aura, tu unto grasoso o toque gracioso. Cuento nanómetro a nanómetro y así calcular si mi cercanía no rompe tu lozanía y robe la energía en un respiro, (¡Y suspiro!).

Es la lejanía que me he impuesto para tenerte más tiempo cerca, sin cercas solo nosotros en la recta que nos aleja para salvar del que sin respingos se salta la cerca. El que no respeta sino que impasible espeta a tu sonrisa y la borra, y la desvanece arrancando el aliento sorbo a sorbo.

No es que no sufra renunciando a tu abrazo y me recuse al beso en la frente, le hago frente, frente a frente pero he metido los pasos hacia ti para que la muerte no los mida, para extrañar solo el contacto epidérmico tibio y alejar el frío tacto de exánime ser.

Lejos es cerca de la vida. Distancia con metros horizontales para huir del distanciamiento en pies verticales. La inercia del cálido contacto me lleva, pero me detiene la angustia de la inclemente amenaza invisible.

Es que solo lejos te soy oxígeno. Solo desde aquí te contemplo viva y a salvo. Resisto a tu toque y te salvo. Insisto en retroceder para verte avanzar, mejor verte siendo investida desde la pantalla lejana que ser embestida por quien tu pulmón estalla y como una metralla te rompe hasta que la vida te gana.

Mejor disfruto tu sonrisa y carcajada como un horizonte donde pájaros en desbandada diminutos parecen y adornan el crepúsculo inalcanzable. Así lejos tienes vida, así distante eres risa constante.

Renuncio a tu abrazo y espaldarazo no porque no lo necesite no porque no lo ocupe, es que estando tu brazo del mío lejos y tu mano de mi espalda apartado, aseguro el eco reverberante de tu voz rodeando mi triste estado, cansado, pesado pero a ti atado.

Si Miguel Ángel encontró la distancia entre el dedo Adámico y el dedo divino, no cabe duda que hallaré justo la medida en que de contaminarte no me incrimino ni al pánico de la soledad te encamino.

¡Ojalá se inventara el abrazo entre dos cuerpos estando a ocho metros! ¡El apretón entre manos de a dos metros! No es que no anhele la combinación de nuestras microbiotas epidérmicas, es que soy veneno a dosis baja y sin antídoto. Virus virulento que mata lento y sin estruendo que privó del prójimo su aliento.

No es asco, aversión o repulsión; tampoco, discriminación o marginación. No es pretexto o excusa. Es atasco y ser del recibido golpe un casco; es mi versión a ti para de tu sufrimiento ser la reversión; es desde arriba en la ventana mi canción, mi pulsión por tu sano pulmón, mi contexto inexcusable para hacer mi prioridad tu respiración.

Si me acerco te alejo, te privo sin querer queriendo de tu espacio vital, donde te veo feliz y despacio te contemplo privada, protegida y prudente. Elijo ser tu sombra que si me tocas muy cerca desaparezco y no existo; solo lejos de ti puedo ser quien te asombra y puede ver como dos ventanas a tu alma esos ojos abiertos para descubrir mi mundo abierto como un acantilado del que hay que mantener la sonora distancia enrollante y como nubarrones reminiscentes en la esencia misma de la gaseosa unidad, somos hallados envueltos.

Cadencia de pasos que se alejan para hallar esa imperfecta distancia que nos une como dos líneas paralelas, como ojos que no se ven ni oídos que se susurran a si mismos, imitando a los bordes sinápticos que no se tocan y cuyo espacio entre ellos une los universos inconexos.

Agonía perfecta consciente que la cercanía nos separa, nos condena a una larga distancia; solo la medida que se calcula trae el alivio que circula entre mis neuronas que inventan cada manera de tenerte cerca sin tocarte o de mis gotículas rociarte.

Es la separación que trae la luz. Es la distancia que nos trajo el mar y el cielo. Es lo que nos hace distinguir donde comienzas tú y término yo. Dista de la perfección, pero es la fórmula que restringe el paso a la muerte agónica en profunda soledad.

Que las burucas, que los tumbos, que los abrazos, que la cadena de hombros,  que llevarte sobre los hombros, que apiñarnos en el estadio, que echarte el brazo, que darte un beso en la frente, que la vida en el enredo del twister.

De todo ello me evito, no porque no disfrute del rito, sino me limito y un circulo de seguridad delimito para luego tu mueca en tiempo real imito.

No confundas mi distancia con arrogancia es solo prestancia a la oportunidad de una pronta estancia junto a ustedes quienes amo, y espero con ansias.

Y al verte fallo, porque como autómata me acerco, porque no aprendo a estar cerca de tu atuendo, es como si me atrajera tu imantada presencia. Y retrocedo, porque solo así se sobrevive y se revive sabiendo que lejos es la distancia donde es mejor la sonrisa y aunque me rinda a los reflejos sociales de la presión que entre la fraternidad se impone, vuelvo a querer verte a la distancia para verte sana y salva de este azote, que nos trae en un hilo la vida y ahoga los sueños y rompe los planes, quita el sueño y obliga al olvido.

Quisiera ser tecnología que incluya una guía, un láser, no sé, algo que mida la perfecta distancia entre mi ansia de tenerte cerca pero dejarte allá a dos metros donde estas a salvo. Quisiera ser ciencia que convierta mi esencia en paciencia que me acerque a ti sin tenerte cerca, donde en tu caída inminente me encuentre consciente para detenerte sin ser tu víctima y luego caer sufriendo tu plaga, volviendo inútil esfuerzo y siendo vector para otros que amo de la guadaña gélida en infinita tortura y final de espanto.

Mantenga su distancia, malacrianza de atracción fatal, ¡Péguense que llevan ropa! No sabe que expelo la muerte silenciosa, porque cuando ya han leído a ese hisopo que nauseas me provoca, ya es tarde, ya te he contagiado lo que hará llorar a tu familia, ya solo quedará rogar y resistir y Dios quiera no morir.

Contraste para encontrarte, Paradoja triste de a quien sus seres queridos asegura, ni ser di mi clúster la vida te asegura, solo la sana distancia porque el mal flota sin clemencia y se filtra para traer la demencia si y solo si hay supervivencia. No te resientas no soy solo un loco meticuloso o un paranoico de los virus y su muerte, solo quiero tenerte más cerca sin encontrarme cerca y ser la trampa que al final te robe la calma y tu alma se salga. Mejor amigo lejos que verdugo cerca.

Mis gotas vuelan, mis goticulas se suspenden, y en ellas penden virus que luego tienden a traerte estertores de muerte. Mejor vete, pero vuelve en imagen inteligente, y haz muecas vitales para creernos cerca para protegernos, somos familia, somos unidad vital, pero en este sórdido momento es mejor un virtual encuentro.

Por: Aldo Hernández 
Doctor en Medicina 
Profesor universitario de Anatomía Microscópica de la Universidad de El Salvador (UES) 
Médico de Clínica Metabólica del ISSS 
Investigador de la UES

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