Desde quienes ejercen la medicina.

Sin lugar a dudas el aborto provocado es un asunto que concierne directamente a quienes practican la medicina. En última instancia,  el fenómeno, de una forma u otra, involucra la ciencia médica en su praxis. Ya sea advirtiendo la conjugación de una serie de factores sanitarios públicos que pre-configuran el hecho, es decir, todos aquellos elementos que conducen a un embarazo no deseado hasta la consumación, tanto en su participación directa o indirecta. Es casi inexorable no tener un encuentro con el hecho, aunque sea apenas una situación incipiente, como una adolescente en una situación de riesgo social como violencia sexual. Además, en ciertas condiciones extremas donde se alinean las piezas como una encrucijada entre la vida y la muerte y se presenta como decisión clínica lógica, las personas que practican la medicina se vuelven agentes (en el lenguaje de la fenomenología) últimos del hecho. Asimismo, en lo que respecta a su formación científica de las personas que optan por la práctica médica, ya desde ese momento, los conceptos teóricos y prácticos relacionados con el aborto provocado se van agregando a su propia significación compleja, en cierta manera aleatoria, transitando desde la periferia contextual, saltando hasta el centro microscópico, luego, volviendo a los niveles intermedios próximos ginecológicos, y así sucesivamente hasta encontrarse cara a cara, como segunda persona con el fenómeno del aborto provocado.

De esa manera, mientras se forman, se aprende sobre el impacto de una filosofía positivista que legitima el capitalismo neoliberal, el cual genera condiciones desiguales en el acceso a los servicios de salud de calidad; solamente quienes se han apropiado de los medios de producción y acumulan grandes capitales no solo gozan de los avances científicos, sino que establecen toda una cadena de producción científica enfocada a sus intereses de mercado, dominando desde su patente hasta las leyes que la avala. Así, intuyen desde la filosofía de la praxis, de la reducción de las posibilidades reales para las personas en la determinación de sus propios planes de vida. Se vuelven conscientes del estrecho margen de maniobra físico, intelectual, social y sexual al que el ser humano se ve sometido.

Quienes se están formando en la medicina, conocen las estructuras sociológicas de patriarcado, machismo, violencia intrafamiliar, legitimación religiosa, cosificación de la mujer, entre otras, y como estos esquemas de la realidad social definen el marco de referencia objetivo que predisponen una vida sexual humana impropia, donde la mujer, de manera contundente es la más afectada.

En esa misma lógica de aprendizaje, mientras se forman como profesionales de la medicina, ingresan y visitan una y otra vez, a las comunidades marginales o rurales, observan a la madre adolescente (¡por no decir a la madre niña!) que recién ha recibido la noticia de un embarazo. En sus listas de cotejo, apuntan las cotidianas condiciones de riesgo de estupro al constatar a las niñas siendo “cuidadas” por familiares adolescentes, por ancianos y hasta por vecinos. Descubren el paupérrimo acceso a los métodos anticonceptivos, cuyo espectro se advierte desde la lejanía del centro de salud, la escasez de opciones en  mecanismos anticonceptivos, la nula o pobre promoción y educación en salud sexual-reproductiva, hasta los mitos y tabúes de las mujeres en cuanto a la planificación familiar. En la comunidad que estudian, saben de los rumores de violencia sexual, de quienes preparan los ‘pesarios’ abortivos en las madrugadas, noches o a plena luz del día. Escuchan los cuchicheos de quienes comentan sobre la vecina que fue clandestinamente a ‘sacarse el bicho’; así son enterados quienes estudian medicina desde las asignaturas comunitarias.

En ese mismo proceso enseñanza-aprendizaje, se comprenden aspectos biológicos celulares de la vida, como la conexión de sus organelos: núcleo, membrana plasmática, mitocondrias, citoplasma, funcionan para hacerla posible, sobre los aspectos embriológicos, es decir, sobre la formación paulatina de un ser humano en el útero; como una célula todopoderosa se divide sucesivamente, transformándose y avanzando durante una semana hasta su anidación en la matriz para formar un embrión en por lo menos tres meses. Se toma conciencia de las etapas claves de formación de tejidos, órganos y sistemas y su respectiva complejización, reconociendo los estados celulares más vulnerables para malformaciones congénitas tanto compatibles como incompatibles con la vida.

En cuanto a la anatomía y fisiología de la mujer, como tal, se establecen las condiciones y parámetros para fundamentar científicamente, múltiples prácticas, evaluaciones, tratamientos, teniendo claro la línea que delimita lo sano de lo patológico. Reconociendo los ciclos hormonales, los cambios anatómicos y fisiológicos normales del embarazo en todos los sistemas. La interacción dinámica anatomofisiológica y bioquímica entre la madre y el ser en formación, y además se presenta una base científica sólida para respaldar una anticoncepción química y quirúrgica.

En lo concerniente a los aspectos farmacológicos, aunque con muy poca profundidad se revisan los medicamentos que funcionan para provocar un aborto en el área básica, se repasan siempre de manera tangencial en el área clínica. Eso obedece a la excusa: “Como el aborto inducido está prohibido”. No hay discusiones temáticas integrales sobre los químicos abortivos, si acaso una que otra mención.

Al aproximarse a las áreas de diagnóstico y patología, donde se aprende a corroborar y correlacionar las señales, se aprende, como médico a percibir científicamente las diferencias entre lo sano y lo patológico. Entre un embarazo con buen progreso y al que presenta evidencias de complicaciones. Se debería reconocer los cambios del cuello uterino que indiquen aborto, ya sea espontáneo o provocado. Se capacita para manipular instrumentos en la consecución de un acertado diagnóstico, por ejemplo de los tipos de aborto espontáneos clínicos.  Asimismo, si hay señales de complicaciones hemodinámicas asociadas a pérdidas de sangre, perforación de útero, fiebre por retención de restos de placenta, evidencias de violencia y violación.

En las secciones curriculares más afines con las ciencias exactas, que cursan las personas que han decidido practicar la medicina profesionalmente, tales como: estadística, antropología, epidemiología y salud pública, se adquieren nociones de conexión de múltiples factores enmarcados en un sistema de salud que se organiza a través de planes, proyectos y programas. En cuyos contenidos hay enfoques directos para la atención del binomio madre hijo de una forma holística, es decir, acudiendo a todos los aspectos que los constituyen. No se limitan a los aspectos del caso individual sino en su relación con la comunidad y la sociedad, se aprenden cifras e índices de mortalidad materna, mortalidad infantil, mecanismo para medir la cantidad de embarazos no deseados, etc; así como, los patrones culturales influyen en las decisiones, por ejemplo: negarse rotundamente a la planificación familiar, de continuar un embarazo a pesar de las complicaciones mortales, finalizar un embarazo a sabiendas que el feto lleva malformaciones incompatibles con la vida, preferir la clandestinidad de un aborto inseguro, seguir con un embarazo producto  de  violación de un  abuelo  o  padre, entre otras situaciones.

En las áreas más directas en las que se encuentran con el fenómeno, quienes aprenden la medicina, son las asignaturas de ginecología y obstetricia (introducción a la semiología ginecoobstetrica en cuarto año, ginecología y obstetricia I y II, quinto y sexto año respectivamente, y clínica ginecoobstétrica en séptimo año) donde hay un abordaje amplio de todas las enfermedades y afecciones propias de la mujer en todas sus estados y etapas esenciales, incluidas, obviamente el estado del embarazo. Nuevamente hay un repaso de anatomía y fisiología femenina, y ahora aplicado a las patologías. En las patologías que se enmarcan en el primer trimestre se incluye la entidad nosológica: aborto. Y se define: “la interrupción del embarazo espontáneo o provocado antes de las 20 semanas de gestación o de un producto uterino menor de 500 gramos”. Y, el desarrollo conceptual, procedimental y actitudinal soslaya absolutamente al aborto provocado. Queda a libre impulso autodidacta ocuparse del aborto provocado, justificado por el estribillo referido anteriormente. No obstante, se desarrolla el procedimiento para extraer los remanentes del interior del útero, luego de la consumación de un aborto. Se estudia el legrado instrumental y la aspiración manual endouterina (AMEU). Para esos momentos de la carrera ya hay contacto efectivo con las pacientes, los estudiantes de medicina ya ejercen, bajo supervisión, pero, lo hacen. Ellos se introducen al mundo cotidiano de la mujer que consulta, se aperciben de la realidad del sistema de salud pública enfocado en la mujer. Viven muchas experiencias en la atención de amenaza de aborto, aborto inminente, aborto completo, aborto incompleto, aborto séptico, y aunque, solo se comente entre los pasillos y cuartos cerrados, también son testigos de sospechas de aborto provocado. No hay ningún protocolo explicito institucional ni desde la universidad ni del hospital, que de manera específica indique lo apropiado para esos casos. Los médicos externos (así llamados desde cuarto año) quedan supeditados a los médicos que se forman en la especialidad ginecológica-obstétrica, médicos staff de turno o a sus propias significaciones.

Cabe resaltar que únicamente en la Medicina Forense se desarrolla como contenido específico, el tema del aborto provocado, revisando el código penal, donde se amenaza con cárcel y suspensión permanente de la licencia. Hay un vacío de operatividad científica para el abordaje del aborto provocado a nivel institucional tanto desde la escuela de medicina como del ministerio de salud.

Finalmente, quienes practican la medicina, ya sea en su año de internado rotatorio, servicio social, estudios de especialización en ginecología, o en sus prácticas ya formalmente juramentados, responden ante el fenómeno del aborto provocado, tal cual  lo aprendieron en su recorrido pedagógico, sino han sido intervenidos didácticamente por organizaciones que amplían criterio a partir estudios científicos. La práctica médica institucional que se rige por los protocolos está ‘paralizada’ para responder uniformemente, con criterios, protocolos, ante los casos, generalmente complicados que implican aspectos clínicas del aborto provocado. Ya sea que se aborde desde lo consumado y con altas probabilidades de un aborto provocado inseguro o desde las condiciones que plantean en su manejo,  la posibilidad de una interrupción del embarazo.

Sirva este recorrido por la formación académica del pensamiento médico como insumo para una inmersión crítica a los mecanismos de formación de conocimientos, opiniones y prácticas. Cuya fuente del mismo es la experiencia del escritor y entrevistas a colegas. En el siguiente artículo se continuará aportando dimensiones posibles para abordar científicamente el aborto provocado.

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Por: Aldo Hernández 
Doctor en Medicina 
Profesor universitario de Anatomía Microscópica de la Universidad de El Salvador (UES) 
Médico de Clínica Metabólica del ISSS 
Investigador de la UES

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