Breve comentario al libro: La Economía Salvadoreña después de la independencia. (Segunda parte)

Habíamos desarrollado anteriormente el abandono conceptual de la salud por parte del Estado, como a partir de los diferentes datos económicos recopilados y sistematizados en el documento del Doctor en Economía William Pleites se confirma un escandaloso descuido de los aspectos mínimos de la medicina en el país (para recuperar la salud), y ya no se diga en un concepto integral de salud (para promover y mantener la salud).

Para continuar con la argumentación, me tomo el atrevimiento de citar un gran segmento del libro, dado que se corrobora de manera indiscutible, las condiciones de la población en cuanto a salud y medicina a finales del siglo XX, ahí explica Pleites:

En el caso de la salud y la nutrición, la situación a principios del siglo XX era tan alarmante que, según Fonseca, entre 1899 y 1920, la tasa de mortalidad promedio en el país fue de 24.5 personas por cada mil habitantes. Entre 1910 y 1920, de cada mil nacimientos, 145 niños murieron en el primer año, la mayoría por enfermedades curables, lo que representaba el 23.14 % del total de defunciones. Además, en 1920, 89 de cada 100 personas murieron sin recibir asistencia médica, en gran medida debido a que, para entonces, el país apenas contaba con un médico por cada 6476 habitantes. Castro, por su parte, describía a las familias rurales salvadoreñas a principios de los años veinte de la siguiente manera:

Mal vestidos y peor alimentados, víctimas del rigor de las variables estacionales, con una prole siempre creciente en cuya faz se delatan los signos lívidos del hambre y los pálidos tintes de anemias. […] Falta de nutrición confortable, de medicinas y de asistencia médica hacen que el proletariado sea víctima propicia de esos flagelos, cuyo factor predominante es la miseria.

Según el Anuario Estadístico de la DIGESTYC de 1926, las principales enfermedades causantes de las muertes ocurridas en el país eran la fiebre y la caquexia palúdica (10.9 %), las afecciones del estómago (10.9 %), la bronquitis y otras enfermedades del aparato respiratorio (6.5 %), el sarampión (3.5 %) y la gripe (3.2 %). Del total de muertes, un 32.2 % fueron diagnosticadas como causadas por enfermedades desconocidas o mal definidas. Estos datos concuerdan con la valoración que hacía Castro unos años atrás al afirmar:

Sabemos que el paludismo, la tuberculosis, la influenza, las enfermedades del aparato digestivo y la viruela causan estragos entre la gente pobre, que casi en su totalidad muere sin asistencia médica, porque los hospitales, por muy buenos servicios que presten, son insuficientes para dar cabida a los miles de contagiados que impedidos por la miseria y la necesidad solicitan asistencia gratis. (Pag.171) (Los subrayados son míos).

Las palabras, frases y oraciones subrayadas, resaltan los dos hechos que confirman el abandono de la salud, tanto desde el concepto salud como gestión gubernamental para recuperar la salud, es decir: sin médicos, sin medicinas y sin infraestructura sanitaria suficiente y según el concepto de salud como promoción y mantenimiento integral de la misma, es decir: nutrición, vestuario, casa, etc.

Tal como lo hemos afirmado anteriormente, este tipo de abandono que hemos descrito requiere cierto análisis intelectual; es decir, valorar los hechos y compararlos con los esquemas teóricos, no obstante, los otros dos, el científico-tecnológico y el económico-concreto, basta leer las cifras sistematizadas que muestran un patrón claro insidioso de la desidia estatal con respecto a la salud, después de lo que tradicionalmente conocemos como: independencia. No obstante, en el libro del Dr. Pleites, dado el enfoque, es más difícil detectar el tipo científico-tecnológico, debido a que este requiere detalles técnicos concretos que señalen explícitamente la carencia de la aplicación de avances en el campo científico-tecnológico, tales como: aplicación de guías clínicas escritas, programas de salud pública recomendados por organizaciones mundiales, avances en tratamientos, tipo de infraestructura hospitalaria o del primer nivel, disponibilidad de aparatos de diagnóstico, tales como: Tomografías de alta gama, Resonancias Magnéticas, entre otras, aunque ello se podría inferir cruzando ciertos datos expuestos en tal documento, no es posible enunciarlos en lista, pero haremos el ejercicio demostrar tal falencia en el sistema de salud recurriendo al texto del Dr. Pleites; pero, lo dejaremos en la siguiente y final entrega, y por ello, abordaremos, el abandono más llamativo de la salud, el abandono económico-concreto.

El abandono económico-concreto es el que se puede verificar al revisar las asignaciones pírricas del presupuesto gubernamental en relación a otros rubros, en razón de ello, podemos destacar las observaciones en el libro analizado, donde se refiere al Modelo de Promoción de Exportaciones, describiendo así: “[…]Obsérvese en la tabla 4.3. que para el período 1989-2004 los gastos en salud y educación apenas representaron el 8.4 % y el 15.4 % del gasto público total; es decir, niveles bastante similares a los registrados durante el conflicto armado y mucho menores a los alcanzados durante el MISI.” (Pág. 407) (Subrayado es mío). El párrafo es sumamente elocuente, primero, porque nos coloca en perspectiva con respecto a otros modelos económicos, el desinterés cínico de las administraciones gubernamentales en cuanto a la salud, donde compara tres de ellos y podemos confirmar el patrón del abandono; segundo, a las cifras se les califica de “apenas”, lo cual se entiende bajo el criterio de un economista como: insuficiente en un presupuesto para un propósito desarrollista de bienestar que incluye la salud; tercero, nos correlaciona salud y educación, lo cual indica que la marginación de la salud en cuanto al gasto público fue más profunda que solo responder carencialmente a lo mínimo como invertir en medicinas, médicos e infraestructura, y trastocó pilares esenciales como la educación; finalmente, nos remite a una tabla, la cual, al examinarla, nos enteramos que la salud (en su nivel más simple) quedaba en los últimos lugares, siendo sobrepasada en gastos de deuda, militares y otros, acentuando la verdad que la salud no era una pública prioridad.

Además, hablando del mismo modelo, en cuanto a los indicadores de bienestar se hace una aseveración significativa y hasta enigmática, porque plantea una paradoja, pero que se resuelve al ser acucioso, así explica:

Pese a que las políticas sociales impulsadas ocuparon un rol subordinado frente a las políticas económicas, el hecho de que fueran acompañadas de un aumento creciente de remesas, recibidas en su mayoría por hogares pobres, trajo como consecuencia que, entre 1989 y 2004, se avanzara más en el logro de las metas sociales que en la consecución de las metas económicas que el MPE se había trazado. Prueba de ello es que los principales indicadores sociales experimentaron importantes mejoras durante ese período. (Pág. 411) (El subrayado es mío).

El párrafo es de tal manera revelador que deja entrever la explicación del porque hay mejoría en los indicadores sociales tales como la pobreza (medida acorde a la capacidad de acceder a una canasta básica  de alimentos), un sustrato esencial para la nutrición y por lo tanto, la salud en su máxima expresión; y se debe al aumento de las remesas, lo cual hace resonar: las remesas, como el medio en que cada salvadoreño, abandonado por su Estado, se rebusca para cuidar su bienestar, nos connota el duro viaje fuera del país, nos dibuja los múltiples trabajos extenuantes de nuestros hermanos lejanos, nos permite recitar lapidariamente: “Sánese quien pueda”; la mayoría de personas pueden acceder a hospitales privados, visitar clínicas médicas de alto nivel, realizarse intervenciones quirúrgicas costosas, costear superespecialistas carísimos gracias a que el familiar le envía el dinero para ello desde el extranjero, eso también, casi sin lugar a equivocarme, la proliferación de grandes hospitales y clínicas en el oriente del país, por las remesas, diría sin duda, preguntándole al azar a algún ciudadano de esa zona. Así, resulta una cascada de explicaciones sobre la asistencia a colegios privados, universidades privadas, casas con estilo gringo, luego es así: el Estado abandona el concreto bienestar (salud) de las grandes mayorías como su prioridad, solo forma parte de una última línea de su plan de gastos, no pinta en su economía, entonces, las personas van en busca del sueño (pesadilla, diría yo) americano para habérselas por su propia cuenta. Y esto no es una conclusión peregrina del texto, es parte, según Pleites, la migración (y las remesas consecuentemente) como un eje lógico en todo su planteamiento económico que explica históricamente, entre otros asuntos, porque no ha colapsado absolutamente las finanzas del país.

Finalmente, quiero citar un párrafo, donde se ilustra un aspecto más sobre el abandono de la salud en su aspecto concreto que se manifestó en el Modelo de Digresiones Populistas, ahí Pleites detalla:

Durante el período 2004-2019, llamado en este libro de digresiones populistas, varios de los programas y políticas parecieran apuntar a aumentar la inversión en la expansión de las capacidades de las personas (FOSALUD, Comunidades Solidarias, Paquete Escolar, Sistema de Protección Social Universal, Ciudad Mujer; Una Niña, Un Niño, Una Computadora; etc.), sin embargo, en la práctica, han sido de carácter paliativo y mediático, con el agravante de que la mayoría han sido abandonados o debilitados después de una o dos administraciones gubernamentales. (Pág. 473). (Subrayado es mío).

El texto habla por sí mismo, el Estado abandona sus fachadas, sus remiendos a la salud; no bastaba la acción sistemática falaz del Estado intentando disimular, no corregir su abandono, sino disfrazar por medio de programas aislados y poco sustentados económicos, tratando de tapar el sol con un dedo; aún peor, también los debilita y vuelve a incurrir en un abandono más grave. Continuaremos en la siguiente última entrega.

Lea la primera parte https://informatvx.com/columnas/el-abandono-estatal-de-la-salud-despues-de-la-independencia-por-aldo-hernandez/

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