Biblia, cosmovisión y educación en salud.

Reconocer al cuerpo humano como templo divino es una premisa bíblica a la cual puede recurrirse para fundamentar una exitosa educación en salud dirigida a pacientes de la clínica metabólica, quienes dentro su cosmovisión particular profesan el cristianismo.

Para introducir el tema, quiero ilustrar la visión cristiana sobre el cuerpo humano mediante el siguiente párrafo:

“Ahora ya no Lo rodea cortinas o paredes, sino epidermis.

Ya no son pisos, tablones y pilares de madera-oro, ahora son membranas celulares.

Vive entre huesos, músculos y ligamentos en lugar de entre plata y oro.

No se mueve entre mesas sagradas, atrios, púlpitos, tarimas o sillas; ahora se desplaza en células de vísceras.

El agua en la que se sumerge no es el del bautisterio, del lago o piscina bautismal, sino el líquido cerebral, sanguíneo, lagrimal, sinovial y sudoríparo.

Él mora complacido en el santuario cerebral y fluye purificador, satisfecho entre el corazón, arterias y pulmones. Ya no habita en jardines, tabernáculos o templos, y nunca ha habitado casas, sinagogas, edificios, catedrales, mezquitas o auditorios, sino que Su habitación está dentro de cada célula, tejido, órgano, sistema y organismos humanos elegidos, que constituyen, cada uno Su santo y verdadero templo, asimismo entre la reunión de ellos, llamada: Iglesia que eligió y por quienes murió.

Él, como en el Génesis, sigue moviéndose ejerciendo dominio sobre nuestras​ aguas intra y extracelulares, desde que lo invitamos a sumergirse en nuestro templo acuático, fluye entre el líquido cefalorraquídeo cuidando nuestros​ suspiros neuronales, se desplaza velando lo que oímos en nuestra endolinfa, lo que vemos en nuestro humor acuoso, midiendo lo que ingerimos en nuestra saliva, jugos gástrico, pancreático y biliar.

Nos vivifica impulsándose en nuestra sangre, nadando entre nuestro líquido surfactante pulmonar, verifica nuestra purificación entre nuestro ultrafiltrado renal.

Vigila nuestro movimiento moviéndose en el líquido sinovial de nuestras articulaciones. Él aún se mueve en nosotros, verdadero santuario acuático.”

No es una manipulación ni una farsa bien planeada, es una propuesta metodológica que nace desde las entrañas misma del imaginario teológico popular. Una valoración retomada de las entrañas mismas de la Biblia, la santa colección de libros del cristianismo universal. Tal concepción se encuentra hilvanada en el entramado bíblico que puede verificarse al realizar una lectura detenida del proceso de habitación divina entre los seres humanos. No es una conclusión forzada para hacerla llegar a un convencimiento, sino que de manera natural en la línea de pensamiento cristiano se encuentra a la vista si consideramos el deseo de Dios para acercarse al humano. Inició interviniendo muy cerca de él, en el paraíso del Génesis; se le encuentra en el Éxodo, esmerado dando indicaciones a Moisés para una carpa, tienda de campaña o tabernáculo y morar en el lugar llamado Santísimo, todo ello en el centro de la comunidad del Israel naciente; siempre se la halla en los libros de Jueces, Reyes, y Crónicas posesionando coyunturalmente el cuerpo de los héroes libertadores y de los profetas; luego continúa su deseo de comunión con los humanos al descender en el opulento templo de Salomón. Dios con el pueblo y en medio del pueblo. Asimismo, los evangelios registran como Dios decide habitar sobrenaturalmente en el útero de una nulípara. Lo más cerca que habita Dios entre los humanos. Se prepara un cuerpo al que él llama: Su templo.  Así reapertura la nueva y más íntima forma de vivir con los humanos: Dios tomando el cuerpo humano como su templo. Así, uno de los teólogos más fecundos del primer siglo se los explica en lo que tradicionalmente se le ha llamado: La Primera Carta a los Corintios, ahí lo enfatiza sin alegorías, ni simbolismo, de manera literal les declara en forma de pregunta retórica:

¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, […]? (1 Corintios 6:19 NTV)

Lo llamativo del contexto es que no habla del alma o del espíritu, sino claramente habla de la anatomía humana enfocándose en la genitalidad. (Un área que ahora, una buena parte del liderazgo radical de la iglesia católica y muchas corrientes evangélicas consideran pecaminosas, respondiendo a influencias griegas y gnósticas, asocian lo corporal y lo material con la maldad y lo impuro). De tal manera, el escritor de la carta hace la pregunta retórica seleccionada para enfatizar que cuando los destinatarios corintios al tener relaciones sexo-coitales con las prostitutas se encuentran profanando el templo donde la tercera persona de la divinidad habita. Es una asociación entre una práctica de riesgo genital (el cuerpo) con la morada divina.  Cabe aclarar que no solamente el texto citado recoge de manera directa el pensamiento cristiano de una corriente principal de la iglesia del primer siglo sobre el cuerpo humano, sino que en cada escrito del nuevo testamento se infiere el valor del cuerpo humano, desde los conocidos evangelios, predominantemente el evangelio de Juan. A parte de lo ya referido sobre el cuerpo de Jesús, también en cada milagro de sanidad, o en la extracción sobrenatural de espíritus malignos desde el cuerpo humano. En cada documento epistolar del Nuevo Testamento se puede inferir la concepción de la morada de Dios en la anatomía humana. Sin embargo, por razones de espacio y de formato, no desarrollaré, esperando que lo vertido sea suficiente para respaldar la premisa planteada.

Tal como lo he destacado en anteriores escritos, acompañado de cifras estadísticas, con respecto a la cosmovisión de la población salvadoreña en lo tocante al aspecto espiritual y religiosa, donde la mayoría se declara creyente en Dios y predomina el cristianismo (tanto evangélico como católico) y aún, en un estudio reciente de la Cid Gallup se demostró que por cada 10 habitantes, 4 son evangélicos; se puede afirmar, por lo tanto, el valor potencial que hallan las premisas bíblicas en la toma de decisiones de los salvadoreños; y, aunque se puede argumentar que la mera profesión religiosa no garantiza la apercepción de sus principios ni mucho menos su vivencia, eso no obsta para no apelar a la autoridad espiritual como un punto de partida válido en el proceso de educación en la salud por parte de la medicina.

Tal es que, indiscutiblemente, nuestros conocimientos, creencias y opiniones, fundamentan pensamientos, ideas y concepciones, es decir, definen certezas y ellas, determinan predominantemente las  decisiones que tomamos, y de ese modo, se modifica nuestro estilo de vida; por ejemplo, si creemos: “el que más anda pendiente de cuidarse el cuerpo, que haciendo ejercicio, que comiendo saludable, más rápido de muere”, entonces, actuaremos descuidadamente sin prestar atención a las indicaciones en cuanto alimentación saludable, actividad física constante y adhesión a los medicamentos.

Si consideramos que nuestro cuerpo es menos importante que nuestra alma o espíritu, dejaremos en segundo plano las recomendaciones para mantener controlada nuestras enfermedades crónicas.

Nuevamente: nuestras ideas definen nuestra conducta, nuestra visión del mundo afecta en cuanto a lo que hacemos o dejamos de hacer.

En esa misma línea lógica, esta premisa estratégica de considerar nuestro organismo como un templo de Dios, nos llevará a profundizar en conocerlo, comprenderlo y en consecuencia, cuidarlo.

Por ello es sumamente importante que cada personal de salud conozca esta valoración que surge de una cosmovisión teológica fundamentada en la Biblia, del cristianismo universal, religión, que profesa la mayoría de pacientes en El Salvador.

Finalmente,  ya en el ámbito educativo en salud, al ser implementada dicha metodología durante la consulta médica metabólica debe tomarse en cuenta ciertas consideraciones:

  • La premisa supone una relación médico-paciente de mutuo conocimiento, es decir, el médico ha trabajado en saber sobre cómo valora el mundo cada paciente.
  • La necesidad de aplicación de la estrategia surge cuando el paciente se ha mostrado renuente a las indicaciones sobre tratamiento farmacológico y no farmacológico, habiendo recurrido ya a otras maneras de convencimiento convencionales.
  • Se debe apelar a tal premisa si el paciente ha demostrado una inclinación por aspectos divinos, cristianos o espirituales. Es decir, la pauta la da el paciente.
  • No es una evangelización, no es un proselitismo religioso ni eclesial; tampoco es un debate teológico. Solamente es un recurso educativo tomado del pensamiento cristiano para influir en el cuidado de la salud.
  • Tal estrategia metodología debe surgir espontáneamente, sin ser forzada o mecánica. Lo que se busca es persuadir al paciente sin que se sienta manipulado, sino que de manera natural surja la comparación, asimismo, el nivel de profundidad de la enseñanza sobre esa premisa será acorde a la disposición del mismo paciente de acuerdo a la misma familiaridad.

Para cerrar, es imprescindible enfatizar que dicha propuesta surge del interés genuino de influir en la conducta diaria más cotidiana y más íntima para hacer efectivas las transformaciones saludables necesarias en las enfermedades crónico-metabólicas, basadas en la autoconciencia y autodeterminación de cada paciente. Un aporte de teología sana para una vida metabólica sana.

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