Una propuesta literalmente en dos palabras.

Es más que una consigna, es una súplica, un ruego, una petición. No está escrito en clave, encriptada o como acertijo. Es una propuesta sencilla. Son dos palabras que encierran el meollo en sí mismas, constituyendo el hilo conductor de una transformación más concreta que el concreto mismo. Palpable, evidente y casi inmediato su efecto.

No hay que darle vueltas, no amerita tanto análisis o interpretación, dicen lo que dicen: ¡Más tiempo!.

La consulta médica requiere más tiempo. No hay artificios, artilugios o subterfugios, es sincero, honesto y transparente el deseo: más tiempo para atención a los pacientes.

Más tiempo para una digna consulta. El tiempo suficiente, necesario, pertinente, el que se requiere para una adecuada historia clínica, una entrevista que incluya antecedentes personales, familiares, hábitos, incluidos de manera minuciosa; un examen físico completo detallado y por lo tanto un diagnóstico certero, integral y empático.

Más tiempo para explicar el diagnóstico, el tratamiento, el pronóstico. Más tiempo para cumplir con los requerimientos estadísticos.

Es un imperativo insoslayable, se necesita más tiempo hasta para escribir con una caligrafía legible en el expediente o para usar adecuadamente la tablet. Se necesita más tiempo.

¡No más la cómoda e insensible excusa: “se puede ver rápido, solo es gripe”! ¡Nunca más la frase: “dese prisa que hay otros pacientes esperando”!

Si se quiere calidad se necesita cantidad de tiempo suficiente. Seamos honestos, sin tiempo adecuado no hay calidad, menos la necesaria calidez. Nadie apurado está motivado todos los días y todo el tiempo para siempre atender con un saludo, sonrisa, rapport; si puede hacerlo por varios días y por bastante tiempo, pero tarde o temprano sucumbirá ante la presión de muchas exigencias en el absurdo promedio de 5.5 a 15 minutos.

Todas las leyes, normas, programas, proyectos son una solemne ilusión sin el tiempo requerido. Todas las buenas intenciones, deseos y motivaciones se desbaratan si no se le asigna el tiempo justo a la consulta médica.

Se ocupa más tiempo, más tiempo establecido en la norma y verificado en cada continua supervisión. Se ocupa tiempo real, real como lo suficientes médicos para cubrir la demanda; más tiempo convertido en el óptimo número de consultorios en las unidades de atención médica. No sólo números magníficos, amplios y magnánimos, urge más tiempo equivalente en más espacio y más recursos humanos.

El tiempo es dinero suficiente para pagarle lo necesario a los especialistas, superespecialistas para incentivarlos a trabajar en el área pública, a laborar óptimamente, no a la velocidad de la luz, sin levantar la mirada, escribiendo garabatos en papeles en pleno mutismo.

Si se desea resumir la reforma de salud en dos palabras: más tiempo.

Sin tiempo aunque hayan grandes edificios, solo serán locales para premuras para despachar a los pacientes. Para cumplir cuotas de 6 por hora o 10 por hora.

Sin tiempo aunque haya un retinólogo, un podólogo, una uroginecóloga, siempre será una carrera contra el tiempo por las filas de pacientes. Paquetes de recetas para ver a pacientes en seis meses o hasta en un año.

¿Cuál es el primer paso para la transformación del sistema público de salud?

¡Más tiempo!

¿Cuánto es el tiempo necesario?

El que cada caso amerite, como una realidad irrepetible, siempre nueva, siempre impredecible. Cada paciente establece el tiempo según su padecimiento, según su idiosincrasia, según sus prioridades, según su estado de ánimo, según la complejidad de su patología, según la integralidad de un programa.

Aunque se pueden hacer estudios locales, cada director o administrador puede revisar los tiempos, según la frecuencia de diagnósticos, según los programas, según la medición de cada médico, según la muestra de tiempo, según los resultados de la investigación para determinar el tiempo óptimo.

Obviamente, me refiero al primer nivel de atención precisamente (aunque aplicaría en el tercer nivel de atención, ya sea en la observación o niveles de hospitalización donde se le conceda el tiempo justo para los estudios). En las unidades de salud, en las unidades médicas, en las clínicas comunales, en los ECOS, en las clínicas de Bienestar Magisterial. No hablo del área de Máxima Urgencia (Hospitales) o de la Emergencia (en ciertas unidades médicas del ISSS complejas). Donde lógicamente lo que se ocupa es actuar en el menor tiempo.

Me refiero en los niveles de atención en salud donde se exigen cumplimiento de programas que implican atención minuciosa, detenida y adecuada, tales como el programa de la mujer (Planificación familiar, preconcepcional, prenatal, puerperio climaterio), programa de la niñez, programa de adolescentes cuyas implicaciones están conectadas con prioridades estatales e internacionales para disminuir la mortalidad materna e infantil. Más tiempo para programas relacionados con enfermedades crónicas como la Tuberculosis, VIH-SIDA, Clínica Metabólica, todos ellos con un estricto tiempo para que sean efectivos, sino solo es una pantomima y el impacto es casi nulo.

Tiempo óptimo en las unidades de salud donde se llevan a cabo procedimientos que requieren tomarse el tiempo exacto, tales como suturas, curaciones, citologías, etc.

Más tiempo para atender cada problema de salud lo más integralmente posible. Más tiempo para atender al paciente en su totalidad.

¿Será que en las clínicas privadas se atienden a los pacientes a todo galope?

¿Será que se está apurando al médico para que termine lo más pronto posible la consulta?

Si se desea dignificar el primer nivel de atención debe asignarse más tiempo para la consulta médica, sea esta de medicina general o de programas. Más tiempo concreto que se evidencie en más personal de salud y más espacio para más consultorios.

No es “agilizando” la consulta médica es como se resuelve los tiempos de espera de cada paciente. No es un restaurante de comida rápida que acelerar la cadena de producción. No se satisface la demanda de atención en detrimento del tiempo de consulta: ‘metele la patita’, ‘picale’, ‘vaciemos aquí’, ‘ andá al punto’, ‘este es lento’, ‘te tulliste’, etc.,

¡Basta de esas ofendas a la dignidad humana!

Lo que debe agilizarse es la contratación de personal médico y construcción de más consultorios para disminuir los tiempos de espera.

No se debe confundir el enfoque ni las prioridades; por ejemplo, los índices de atención diarios, estadística para calcular la cantidad necesaria de atención por lugar, por médico no se hacen en función de imprimir mayor presión para que se sature de pacientes a un médico los vea en tiempo flash récord para declarar que se atiende la demanda, como si de maquilar calzones se trata; esos índices deben aplicarse para empeñarse como sistema en una gestión de aumentar la contratación de médicos y construcción de consultorios en función del área adscrita. Nunca, insisto: nunca en función de acortar el tiempo de atención médica.

El tiempo de atención médica debe considerarse sagrado y solo se debería cambiar para aumentarle y nunca reducirle.

Cada paciente es digno del tiempo que requiera para su consulta.

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