El camino: empoderamiento.

Dos palabras que expresan conceptos humanos muy concretos, adheridos esencialmente de manera multiforme; y dado su complejo vínculo, se estructuran como una especie de figura transparente a la cual se puede acceder a su interior óptimamente desde diferentes aristas. Son inseparables. No se puede entender la medicina sin el poder ni el poder sin la medicina. Lo primero es indiscutible, lo segundo ni se acepta tan fácilmente. Se puede intentar acceder a la medicina por el poder o al poder por la medicina, ambas rutas han sido transitadas históricamente. La medicina puede ser el medio para el poder o el poder, el medio para la medicina. No es un galimatías o un juego de palabras banal. Es un intento por descifrar el mecanismo para ejercer ambas concreciones sin ser tentado por el reduccionismo a una de ellas. Así, si se ejerce la medicina por la medicina abandonando el poder se cae en la deshumanización, lo mismo ocurre si intercambiamos las palabras. (Si se ejerce el poder por el poder abandonando la medicina se cae en la deshumanización). Entonces no sólo se debe aceptar que medicina-poder son lados de una misma moneda, también se debe captar el elemento inherentemente humano. La historia de la medicina ha sido el ejercicio del poder de unos cuantos humanos sobre la humanidad asimismo, la historia del poder se reconoce como la práctica de la medicina para unos pocos humanos sobre la humanidad. Así, quien sanaba tenía poder y el que tenía el poder, sanaba.

La medicina como arte ha colocado a quienes la han trazado como medios para dominar, subyugar, sobrevivir, médium del control, intermediarios sobrenaturales, prestidigitadores desde el inaccesible poder. El que medica es el depositario del poder; dar y quitar la vida; permitir o suspender el trabajo. El poder entendido como un arte para establecer el orden molecular, homeostático, humano, comunitario, nacion-al, mundial. El que ejerce el poder es la redoma de la medicina. En esta forma de ver la medicina-poder, el artista es el poseedor de los secretos, de las estrategias, artilugios y sustancias. Una especie de mago que no revela sus secretos. Es el poder mostrado solo lo suficiente para producir un efecto. Son recetas ancestrales aplicadas y que surten efecto, series místicas, rodeadas de misterio y mitos. Es la medicina que mezcla lo espontáneo desconocido y lo borroso recién confirmado. Es el poder que actúa en el estímulo-respuesta. Es poder descubierto, encerrado y luego ofrecido a cambio de veneración, siempre por unos pocos para dominar a las grandes mayorías. Es la medicina inventada, guardada y ofrecida a cambio de dádivas, desde los escasos artistas para los desarticulados. La  medicina impone su estilo, el poder detenta a su manera. Tarde o temprano se buscará esa artística manera de dominar la vida-muerte; la salud-enfermedad; la alegría-tristeza. Y siempre es: desde uno (o pocos) sobre todos.

La medicina como técnica indica el dominio colectivo transmitido de generación en generación que algo se debe hacer como se debe hacer. Es la práctica formalizada. Ya se han estandarizado tiempos, distancias, orden de actividades, maneras, etc.; es el saber-hacer según lo que se ha confirmado que funciona, que trae resultados, que convence; es el poder colectivo registrado. Es lo que fue numerado, literalizado, acordado y aprobado. Es la delimitación a lo meramente escrito. No ir más allá de la receta dada, no cumplir fuera del manual. La medicina-poder ya se ha plasmado con el dedo histórico-social en diversos códigos para cumplirse sin discusión. Quienes asumen ese poder, sólo lo ejecutan sin crítica o queja. Se apegan a procedimientos. Siguen pasos. Hay un mapa, una ruta, caminan por ahí, para repetir sus acciones. Ya se han dejado ciertos patrones. Se asume que el poder no nace de la iniciativa o ánimo a quien en un momento y lugar dado se le ha conferido, surge de las convenciones históricas que los poderosos han estipulado para seguir manteniendo una línea familiar de manipulación a las grandes mayorías. Es la medicina medida, calculada, preparada y dosificada para quien cumple los criterios de caso. Son las marcas comerciales menos costosas para los que pagan poco o no pagan. Es la medicina tecnificada. Es la medicina-poder que radica en dominio de los procedimientos. Es el poder que yace en la técnica, quien ha memorizado el guión de cómo debe hacerse, sólo debe aplicarlo esmeradamente y tendrá resultados. Quien aprende el proceso sólo lo ejecuta.

Aparentemente la medicina en tanto ciencia apertura una infinidad de posibilidades al ser humano; es decir, más medicinas para todos tipo de enfermedades, mejor y más específico abordaje de las patologías, más calificación de médicos, intervención más integral en los servicios médicos, reducción de tiempo durante y después de los procedimientos de detección, diagnóstico, tratamiento y sostén, actualización de infraestructura de clínicas y hospitales en cuanto a áreas administrativas y áreas de ingreso, recuperación y cirugía. Más poder de acción de la medicina accesible para todos; para todos los que pueden pagar.

En la ciencia es el poder mostrando su mayor margen de maniobra, control, dominio, posibilidades, donde se encuentran las mejores conexiones y alcances. Es el poder para evolucionar, ampliar impacto, para reducir costos y aumentar en ganancias. Poder para superar necesidades y aún más, satisfacer hasta banalidades. Es la medicina que apegada a los rigores del método científico transforma una realidad. El poderoso es el dueño o los pocos dueños, de ella es quien tiene en su poder los más recientes y ultrapurificados principios activos, las más precisas leyes a su conveniencia, los más encumbrados científicos que le formulan las variaciones, es quien posee los equipos, herramientas y locales; quien tiene bajo el brazo a las instituciones reguladores públicas. Es el que tiene el poder no sólo para tener en su casa una máquina de hemodialisis, también contrata a su nefrólogo, a su equipo de enfermería y si ocupa apoyo gubernamental para ser el primero en la lista de receptor de riñón vía institucional, solo llama por teléfono. Son las posibilidades ilimitadas para dirigir su propia salud-enfermedad, siempre y cuando paga por toda la ciencia y tecnología asociada. Y siempre es uno (o pocos) los que acceden a ese poder, son una élite las que disfrutan de esa medicina. El poder ilimitado de transformar su salud-enfermedad a su antojo. Las grandes mayorías son abandonadas a la suerte de las migajas de algún que otro filantropo o uno que otro gestor político bienintencionado.

No me malinterpreten, la medicina-poder potenciados como ciencia actualizada no es algo sórdido per se. Simplemente si lo que sirve es solo para ampliar las posibilidades del 3 % de la población, sigue siendo el mecanismo que nunca deja avanzar a la humanidad.

Mi premisa es: cuando al arte de la medicina-poder se modela intencionalmente a la mayoría, la técnica medicina poder se enseña detenidamente a las mayorías y la ciencia medicina-poder se transfiere en toda su plenitud a todos y todas sin excepción, entonces, estamos recorriendo el camino correcto. Eso implica la masiva divulgación no sólo de conocimientos, información, letras o recetas, también la masificación del como se hace, de la instrucción, de la educación, de los medios de acceso, de una facilitación por medio de expertos. Solo el poder sea concedido a las grandes mayorías, recibirán medicina en serio y solo cuando la medicina se brinde a todos y todas sin excepción, tendrán el poder fáctico.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí