El truco que Washington juega con Taiwán

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Washington está una vez más jugando la carta de Taiwán contra China. Esta vez el ardid es el llamado “Diálogo de la Asociación para la Prosperidad Económica” entre el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Keith Krach, y funcionarios económicos taiwaneses el viernes.

El evento, bajo el pretexto de los llamados intercambios económicos, es en su naturaleza el último truco político de Washington para manifestarse sobre el status de Taiwán, lo cual tiene un alto nivel de sensibilidad en las relaciones China-Estados Unidos.

El contacto oficial entre Estados Unidos y Taiwán tiene como telón de fondo la creciente histeria antichina de Washington. A principios de este mes, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, afirmó absurdamente que Taiwán “no ha sido parte de China”, desafiando abiertamente el límite de Beijing del principio de una sola China.

Al llevar adelante estas provocativas acciones, Pompeo y otros políticos estadounidenses de ideas afines intentan ser duros con China para obtener beneficios políticos personales. Su objetivo a largo plazo es influir en Taiwán para obstaculizar los esfuerzos de reunificación de China e impedir el desarrollo del país.

A los ojos de los halcones contra China, Taiwán no es más que un peón geopolítico para presionar a China. Muchos en Taiwán están preocupados por ser una ficha de negociación en el juego de Washington. United Daily News, con sede en Taipei, comentó en un editorial reciente que tomar ventaja del peón para provocar a Beijing se “basa principalmente en los intereses estadounidenses”.

Sin embargo, las autoridades del Partido Progresista Democrático (DPP) en Taiwán, también impulsadas por intereses políticos egoístas, siguen conspirando con fuerzas extranjeras y alardeando de los llamados avances de las relaciones de la isla con el resto del mundo. Lo que es peor, el DPP todavía se niega a reconocer el Consenso de 1992 y quiere avivar los sentimientos separatistas en la isla.

Las provocaciones políticas de los políticos de Washington y las autoridades del DPP son altamente destructivas.

Por un lado, jugar la carta de Taiwán es tóxico para las relaciones entre China y Estados Unidos. La adhesión al principio de una sola China ha sido la base política para el desarrollo de esas relaciones desde que los dos países normalizaron sus lazos hace más de cuatro décadas.

China ha dejado en claro en repetidas ocasiones que cree que Beijing y Washington pueden ganar de la mano de la cooperación y perder con la confrontación, e instó al lado estadounidense a manejar las diferencias sobre la base del respeto mutuo, ampliar la cooperación mutuamente beneficiosa y promover un desarrollo saludable y estable de los lazos bilaterales.

Además, la comunidad internacional, que está luchando contra la pandemia de COVID-19 y restableciendo el crecimiento económico mundial, necesita una relación estable y sólida entre las dos principales economías del mundo como nunca antes.

Sin embargo, si los políticos antichinos estadounidenses siguen debilitando temerariamente esa base, todos están a punto de perder en las maniobras geopolíticas de Washington.

Por otro lado, jugar la carta de Taiwán es tóxico para la paz y la estabilidad a través del estrecho. Estos intercambios oficiales entre Estados Unidos y Taiwán han envalentonado peligrosamente a las fuerzas separatistas en la isla, con el riesgo de empujar a la región a una confrontación destructiva. Y si las tensiones allí se salen de control, los taiwaneses serán los más afectados.

Además, las ambiciones de Taiwán de cosechar cualquier beneficio sustancial en el diálogo están destinadas al fracaso. De hecho, un factor importante que decide el futuro de Taiwan y el bienestar de su pueblo no radica en el apoyo de Estados Unidos, sino en el estado de las relaciones a través del estrecho.

Las exportaciones de Taiwán a la parte continental y Hong Kong representaron el 43,6 por ciento del total de las exportaciones de la isla de enero a octubre, según datos de la isla. Las cifras han demostrado la fuerte dependencia de Taiwán en la cooperación económica y comercial a través del estrecho.

En última instancia, los halcones antichinos de Estados Unidos nunca deben subestimar la firme determinación de Beijing de salvaguardar su soberanía nacional e integridad territorial.

“China nunca se quedará de brazos cruzados ni permitirá que su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo nacionales sean socavados y nunca permitirá que ningún individuo o fuerza perjudique o divida su sagrado territorio”, dijo el presidente chino Xi Jinping en una reunión celebrada en octubre para conmemorar la Guerra de Resistencia contra la Agresión de Estados Unidos y Ayuda a Corea (1950-1953).

Taiwán ha sido y siempre será parte de China. Es un hecho que nadie puede cambiar. Desafiar dicha realidad irrefutable y poner a prueba la voluntad del pueblo chino de salvaguardar los derechos soberanos de su país generará una respuesta contundente.

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