Enseñanza-Aprendizaje de Medicina y pandemia; Claves desde la experiencia para una práctica andragógica integral en ciencias de la salud – por Aldo Hernández

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Enseñanza-Aprendizaje de Medicina y pandemia; Claves desde la experiencia para una práctica andragógica integral en ciencias de la salud.

(I parte)

Por lo menos habían pasado treinta años desde que los cortes histológicos (Fragmentos muy diminutos de tejidos humanos teñidos para su estudio, usando lentes de aumento) no eran observados a través de un microscopio por parte de los estudiantes de segundo año de Medicina de la Facultad Multidisciplinaria Oriental de la Universidad de El Salvador.

Como estrategia didáctica (Arte y técnica para elegir herramientas ilustrativas en el ejercicio de la enseñanza) tradicional se recurría a revisar los mismos cortes histológicos, primero como minúsculos negativos fotográficos en cajas iluminadas con una candela de luz incandescente, luego esas mismas opacas imágenes fueron llevadas a formato de imagen JPEG, fácilmente expuestas a través de una presentación de Powerpoint. A partir de esas deslustrosas imágenes se elaboraron (aún hoy) manuales y atlas.

Sin embargo, aquel día inició algo diferente, ocupando un local prestado a Tecnología Médica, diez microscopios y varias láminas con cortes histológicos teñidos (Facilitados por una profesora de patología, Dra. Aimeé García) para adentrarse a lo más cerca de la realidad anatómica microscópica humana; confieso que observé un brillo inexplicable en ese momento, en los ojos de cada estudiante, que en las anteriores clases prácticas no había visto, al ingresar e iniciar ese primer laboratorio. La actividad no tenía una evaluación sumativa (Era fin de ciclo académico y habían finalizado las actividades evaluadas), por lo cual, la asistencia y permanencia era totalmente voluntaria. Ese primer taller, servía solo como una prueba piloto y por el único propósito de aprender.

Aunque sólo había un microscopio por cada diez personas, cada uno se detuvo a contemplar las exiguas láminas. Unas les tomaban fotografías, otros la dibujaban. Se intercambiaban emocionadas las pocas láminas; me solicitaban que les ayudara a enfocar la imagen. Para ese ejercicio meramente práctico, solo se requirió de una guía de observación sencilla, no obstante, el desarrollo fue altamente provechoso en múltiples contenidos de la asignatura, así como el fortalecimiento de competencias (Habilidades a desarrollar) conceptuales, procedimentales y actitudinales.
El calor migueleño agravado por el hacinamiento y la gruesa gabacha gris sobre su ropa, sin mencionar la poca ventilación del lugar, no eran obstáculos para disfrutar detenidamente cada corte histológico. Así culminaba ese ciclo I-2018 de Anatomía Microscópica. La fotografía de este espacio editorial es una de las tantas capturas de ese inolvidable momento de integral andragogía (Educación en adultos) en Medicina.

Ese “brillo” emitido por la pasión del puro aprendizaje, volví a contemplarlo el siguiente año en ciclo II-2019, en una especie de recorrido explicativo llevado a cabo en el área de patología, donde, debido al corto espacio y tiempo en el Hospital Nacional San Juan de Dios San Miguel, solo asistieron quienes obtuvieron las más altas calificaciones. Una vez más, los estudiantes se involucraban voluntariamente, mediante la verificación del proceso de preparación de cortes histológicos, se aproximaban lo más cerca a la realidad anatómica microscópica humana. Se evidenciaban los elementos fundamentales en todo proceso enseñanza- aprendizaje: concentración máxima, participación activa, asombro cognitivo, interacción de todos los sentidos, comentarios entre ellos, dudas hacia el apasionado guía (Don Reynaldo, quien así se retiró ese año, de su oficio como auxiliar de dicha área hospitalaria), se constataban los elementos cruciales en cuanto a competencias y los relacionados a la metodología integral, y sobre todo, la motivación era vibrante e innegable en cada estudiante.

Sirvan ambas anécdotas para introducir la primera clave para una práctica integral andragógica en Medicina básica: la pasión por la enseñanza de la Medicina.

1- Pasión por la enseñanza de la Medicina.
Aunque, en nuestra sociedad salvadoreña el apasionamiento se relaciona con religión, deporte y política, y hasta se le etiqueta como: una especie de fanatismo negativo, tengo la afincada convicción que un elemento crucial para desarrollar una plena enseñanza de la Medicina, es la pasión por ella. No hablo como un ingrediente o una pieza, sino como el infaltable motor alimentado continuamente para avanzar con cada actividad planificada de las asignaturas de las carreras de salud. Esa pasión que posee a la persona y permite el enfoque de toda su intelección, emociones y voluntad en una estrategia, plan, proyecto, programa, etc.

Dicha pasión, hace que el facilitador, convierta a su disciplina en el centro constante, en cada oportunidad, de sus reflexiones, observaciones, aplicaciones aún en su cotidianidad. En cada situación de su profesión encuentra un recurso didáctico, en cada caso clínico, descubre una herramienta.

Solo ese apasionamiento vocacional permite innovar hasta el más mínimo instrumento en sus diferentes reactivos, encontrando las diferentes formas de evaluar sin el terror que ello conlleva al evaluado y usarlo también como un medio de aprendizaje también.

La pasión que mueve a gestionar instalaciones, auditorios, salones, lugares en hospitales, recursos didácticos, más allá de lo requerido o asignado, con tal de buscar contagiar de ella misma a quienes estudian la asignatura.

Tal pasión permite proyectarse hacia transformaciones en el quehacer didáctico, desde una sencilla guía de desarrollo de clase, un planeamiento didáctico semestral hasta una macrocurrículo (Contenidos, objetivos y métodos esenciales) anual de la materia.

El profesor universitario que enseña Medicina apasionadamente se encuentra automotivado por el solo hecho de atestiguar el aprendizaje. No lo impulsa el salario, las prestaciones o la presión de la jefatura. Lo hace porque es parte de sí mismo hacerlo. Eso no significa, que sea digno de su salario y prestaciones, como de contar con instalaciones dignas para el ejercicio de su profesión.

El encontrarse apasionado antes, durante y después de esa compleja actividad de enseñanza-aprendizaje de Medicina, provoca un efecto contagioso, en los estudiantes, quienes son envueltos por esa pasión por aprender. Perciben el interés del profesor y son saturados por esa motivación genuina para decodificar la realidad a la cual se aproximan. No es un simple formalismo o requisito donde deben aprobar, al contrario perciben el alto valor asignado por el catedrático y responden congruente a ello. Es posible que al principio sean abrumados por tal manifestación desbordante de múltiples metodologías, estrategias, e instrumentos del apasionado profesor, pero, sin duda, serán atrapados y comenzarán en el disfrute de tal vivencia didáctica.

Esa pasión, va más allá de las emociones y sentimientos efímeros del joven docente principiante, que luego se deja llevar por la inercia del desinterés, aburrimiento y displicencia, envidia o molestia de verse puestos en evidencia de su decadente y perezosa o hasta corrupta praxis educativa de algunos pocos profesores antiguos, a los cuales la edad, economía e inadecuadas condiciones laborales han hecho mella en ellos. Es una pasión construida y alimentada desde una certeza de vocación iniciada en apenas los albores como estudiante de la Medicina. Una manera de explicar la esencia de esa pasión es definirla como una progresiva necesidad inherentemente constitutiva que encuentra su satisfacción a través del modelaje de aprehensión y decodificación de la realidad hacia los demás.

Para quien se apasiona por enseñar, en este caso: Medicina, todo se vuelve recurso didáctico, todo es un posible medio pedagógico, todo lugar es una ambiente para el desarrollo de competencias, todos los saberes previos son catapultas a lo nuevo, todo tiene un método para ser explicado, todos y todas son potenciales maestros y todos los estudiantes son oportunidades para descubrir nuevas maneras de hacerles explicar e interpretar la realidad. No hay pregunta que no conlleve aprendizaje, nunca hay una falla que se niegue a enseñar una lección, nunca se agotan las formas o mecanismo para ser más claros de una compleja realidad y no hay rémoras que estanquen el flujo de la renovación e innovación en el proceso enseñanza aprendizaje.

La pasión a la que me refiero, no es ajena a lo sistemático, ordenado, a los objetivos, planificaciones o protocolos, al contrario, funciona como los engranes energizados que movilizan al más metódico aprendizaje.

Gracias a esa pasión, como una anécdota más, junto con los estudiantes nos zambullimos a un terreno poco explorado, casi inédito, buscar ayuda externa, fuera de los canales y procesos ordinarios de gestión educativa, y acudimos, mediante el uso del Twitter a convocar a figuras políticas, con el propósito único y exclusivo de convertir un aula en un laboratorio equipado y acondicionado de Anatomía Microscópica. Recibimos la respuesta amplia y generosa del diputado Reynaldo Carballo, quien no solo nos invitó a la Asamblea Legislativa, también donó una motocicleta para obtener fondos para lo que nos habíamos propuesto. Nuevamente volví a vivir esa brillante expresión de compromiso, entrega y concentración que solo la pasión puede subrayar en los estudiantes.

Lamentablemente, la pandemia nos encerró. Ya habíamos logrado acondicionar el local, obtuvimos muebles y unos cuantos microscopios. Todos esos resultados de esa pasión por la enseñanza de la Medicina hechos gestión educativa estudiantil, se habían detenido.

Y es cuando, en esta situación sanitaria, la pasión busca su cauce para cumplir su propósito. Solo los obstáculos demuestran la calidad de la pasión que un profesor posee (o lo posee). Es así como, aunque las aulas físicas estaban encerradas (hasta el incipiente laboratorio de Microanatomía recién remozado), se abrieron las aulas virtuales, y ello aperturó una limitación, la cual asumida y dirigida por la pasión, se encausó hacia nuevas herramientas, para afrontar la carencia de la presencia colectiva y cercana. Asimismo, la pasión movió a la ampliación del abanico de instrumentos, estrategias y hasta metodologías para enseñar Medicina de manera integral. El profesor sin pasión se bloqueó y autolimitó, el apasionado se adaptó y adoptó nuevas maneras de enseñar integralmente la Medicina aún en la mayor crisis sanitaria mundial en más de un siglo.

Finalmente, esa pasión descrita e ilustrada nos permite proyectarnos, en las vísperas del retorno a las aulas físicas, no sólo a valorar como el espectro de estrategias educativas para enseñar Medicina se ha ampliado, sino a considerar nuevos caminos y perspectivas para recorrer en esta loable praxis.

En las siguientes entregas consideraremos otras claves.


Por: Aldo Hernández 
Doctor en Medicina 
Profesor universitario de Anatomía Microscópica de la Universidad de El Salvador (UES) 
Médico de Clínica Metabólica del ISSS 
Investigador de la UES

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