Mala praxis médica: precisiones. Una perspectiva conceptual – por Aldo Hernández

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El abordaje de este tema siempre es altamente espinoso entre quienes ejercen la medicina. Siempre se asocia a las palabras amenazantes: demanda y acusación. Engloba múltiples términos jurídicos que generan confusión, tanto en pacientes como en los mismos que ejercemos la Medicina. Este concepto se estudia en la asignatura: Medicina forense, cuyo objetivo principal consiste en asociar el derecho y la medicina, tanto es aspectos penales, civiles, administrativos, periciales (El médico como perito, como experto declarante ante un juez).

La mala praxis médica se estudia desde la deontología. Ya hemos definido y explicado desde diferentes ángulos, lo que significa e implica la deontología. Y, como retroalimentación, resumiremos que la moral médica es el arte que habla sobre el deber indicado mediante la experiencia y praxis establecida convencionalmente en el devenir histórico expresado enfocado en valores o principios; la ética médica (O bioética), es la técnica que se expresa en el deber indicado en la actualización y aplicación de esos valores y principios de la moral médica en la siempre inédita realidad específica sociocultural, económica y científica; la deontología médica es la ciencia que se refiere al deber indicado en la sistematización de esa ética médica o bioética de valores y principios en leyes, códigos y reglamentos específicos a cada caso en particular. (Ver más detalle en: https://informatvx.com/destacadas/ama-y-receta-lo-que-quieras-etica-y-medicina-por-aldo-hernandez/) Así, podemos afirmar que el cumplimiento de ese deber consiste en una buena práctica médica. Lo opuesto, obviamente es la mala praxis (acción o ejercicio de actividades humanas) médica.

Eso nos lleva dejar claro que el término jurídico: “mala praxis” (Aunque no existe en el código penal ni otras leyes en El Salvador) no es exclusivo de los doctores en medicina, ni siquiera al personal de salud, y abarca a todos aquellos que se dedican a cualquier actividad humana que pueda ser medida o evaluada a través de criterios de éxito o fracaso. Además debe quedar claro que para el caso del médico, el termino mala praxis es un delito culposo (sin intención o premeditación, no voluntario), que conlleva aspectos penales, civiles y administrativos, dicho en términos sencillos, la mala praxis está contemplada múltiples documentos legales, tales como el código penal, ley de responsabilidad civil, ley de ética gubernamental, código de salud, etc. Es decir, está altamente regulado.

La mala praxis médica consiste en acciones de “culpa” por parte de un profesional de salud, un término jurídico con cuatro maneras de manifestarse: impericia, imprudencia, inobservancia y negligencia.

No toda lesión en el paciente en el acto médico se considera mala praxis. Es decir, es claro que toda intervención del médico (u otro profesional de la salud) produce un efecto beneficioso y/o lesivo, es precisamente es a ello lo que se conoce como iatrogenia, y según la Real Academia Española (RAE), iatropatogenia, es cuando, esa iatrogenia médica se hace por las cuatro maneras de la mala praxis.

Tal como se ha planteado en los anteriores artículos, la práctica médica, implica recurrir a sustancias químicas que al ingresar al organismo humano pueden provocar una alteración para retornar al equilibrio corporal y simultáneamente activar un mecanismo de diferente (beneficioso o no), eso es lo que se conoce como efecto secundario. También sucede que al consumir un medicamento para conseguir un control de una alteración en un órgano, paralelamente activa otra situación en un órgano diferente, eso es lo que se conoce como efecto colateral. Además, ocurre que cierta persona ante un medicamento en su dosis correcta, responda de manera inadecuada, asociado a su constitución propia, eso se llama: reacción adversa. Y todo ello, son situaciones que se pueden malinterpretar como: “mala praxis médica”, pero solo forman parte de la praxis médica, cuya ambigüedad ética ya se discutió en el anterior artículo. (Ver artículo en: https://informatvx.com/destacadas/ante-la-ambiguedad-etica-prudencia-prevencion-y-precaucion-sobre-la-bioetica-del-temor-respeto-y-responsabilidad-por-aldo-hernandez/).

Una precisión necesaria sobre la mala praxis médica más, es que no solamente obedece a una comisión u omisión de un individuo, como profesional de salud aislado, sino que, además responde a todo un sistema estatal de salud pública, en todos sus niveles, ya sea que no verifique estrictamente el apego a protocolos, asumiendo un rol permisivo, descuidado o pasivo en la vigilancia de la práctica de los profesionales de salud o a través de condiciones inadecuadas laborales favorezca el cometimiento de una serie de errores del personal involucrado. Eso no significa, que se exima al médico o profesional de salud de su responsabilidad al actuar, sino que también debe haber una regulación por parte del Estado, no reducido a la promulgación de leyes o sanciones en contra de los delitos médicos, como por milenios lo ha habido, sino toda una estrategia diseñada sobre la base, primero de la conciencia del errar humano, luego de la dignificación de las condiciones del ejercicio de las profesiones en salud y en la continua vigilancia de aquellos factores que desencadenan fallas hasta en el último detalle del accionar humano en el complejo ser humano.

No es el propósito de este escrito, citar o explicar la legislación deontológica médica, tampoco agotar la temática sobre mala praxis, sino plantear una perspectiva conceptual desde una valoración positiva, es decir, desde lo que se debe hacer. No en la manera típica donde se establecen las prohibiciones o desde la amenaza de las penas. Tampoco se analiza a profundidad los aspectos de configuración legal de responsabilidad médica (obligación preexistente + culpa médica + perjuicio + causalidad) sino desde los conceptos de la culpa jurídica médica como resultado de lo que se debía hacer. Así, la práctica médica no representará el apego a una serie de prohibiciones, sino el cumplimiento de conductas de índole moral, ética y deontológica, y en esa misma lógica, se enumeran ciertas acciones a nivel sistémico de salud para fomentar condiciones óptimas donde se favorezca el establecimiento de una conexión apropiada entre médico-paciente (o profesional de salud y paciente).

Por lo tanto, el mecanismo moral, ético y de cumplimiento deontológico cotidiano, propuesto es un construir un vínculo con el paciente que permita una relación donde éste, no sea atendido como un número de expediente más, un ente de experimentación o un cliente, y aún más allá de un humano desconocido, sino tratado como si fuera nuestra misma familia amada, aplicando todo ese ahínco con el que nos gustaría que atendieran a nuestra madre, esposa, hermana e hija, a nuestro hermano, esposo, padre o hijo, y aún con ese misma atención que nos gustaría ser tratados a nosotros mismos.

Lo anterior implica una especie de utopía, a la cual es legítimo aspirar, donde esa relación, pueda partir de emular lo psicosocialmente más valioso para quien ejerce la Medicina y superarla para hacerla una relación sui generis donde el interés primario, sea no solo el paciente, sino el binomio (o trinomio, en el caso del apoyo familiar como en pediatría, geriatría o psiquiatría).

Todo ello debe comenzar en el profesional de salud que asume su vocación como un encargarse de la realidad compleja como lo esa la otredad, es decir, su otro igual, su semejante, su prójimo. Tomarlo como la permitida invasión de la sagrada vida, como se expone en una publicación anterior. (https://informatvx.com/destacadas/el-dialogo-desde-lo-sagrado-para-una-firma-sobre-el-consentimiento-informado-por-aldo-hernandez/).

Y en esa misma línea argumental, donde un médico responde ante su paciente como un ser humano semejante a él, partiendo primariamente del aprendizaje de amar a sus familiares, puede generarse una dinámica que conlleve el cuidado, casi espontáneo de todas aquellas variables que involucren daño, una especie de anticipación a los riesgos evidentes y potenciales de daño, por la aproximación de valoración a la otredad, con una conciencia de lo sagrado de la vida y desde una cautela muy similar al temor; así, solamente quien se aproxima con una actitud y aptitud donde se tomen en cuenta esos tres elementos morales, éticos y deontológicos hacia la práctica médica, podrá sortear frecuentemente su inherente humana tendencia a errar.

En otras palabras, quien asume como invaluable la otredad compleja de su semejante, podrá lidiar con el descuido, pereza o desinterés que lleva a la tan ofensiva negligencia, también quien tenga esa conciencia de lo sagrado de la unidad vital bio-psico-social-espiritual humana desarrollará una pasión por él estudio concienzudo desde el paciente, hacia las ciencias que permiten un conocimiento integral (conceptual, procedimental y actitudinal) del mismo, evitará la impericia, es decir, esa forma de culpa por ignorancia o mediocridad en el manejo de la medicina. De la misma manera, recurriendo al temor reverencial que se convierta en cautela y responsabilidad en la toma de decisiones evitará actos imprudentes o con exceso de confianza, uno de las formas de culpa jurídica médica. Todo ello aplica al observar metódicamente y de manera rigurosa cada protocolo ya establecido, lo cual, no se considerará como cadenas que atan la independencia del profesional en su tratamiento al paciente, sino como herramientas teóricas que protejan tanto al paciente como al médico. Cuando hay una apercepción del valor humano semejante, de lo sacramental de la vida que debe responderse con una cautela prudente, preventiva, precavida, el siguiente paso racional y volitivo es apegarse a las normas específicas de cada institución de salud.

Asimismo, en esa especie de autoempoderamiento de cada médico u otro profesional de salud, como ya se puede ir concluyendo, no es solo un esfuerzo individual, sino que implica una formalización pedagógica durante la formación como profesional, no solo a través de una asignatura, sino de una sistemática educación en cada nivel y aún posterior a la finalización del grado académico. Es ahí, donde interviene el Estado, donde aparte de tomar en cuenta, el favorecimiento de condiciones óptimas donde se establece la relación médico-paciente, como: infraestructura adecuada; tiempo de atención suficiente y acorde a cada caso; herramientas e instrumentos precisos, asequibles y de alta calidad; normativa de disponibilidad inmediata; salario y estabilidad laboral a los profesionales; entre otras intervenciones, debe fortalecer el sistema educativo de nivel superior y enfocar estratégicamente la formación guiado por esas premisas morales, éticas y deontológicas expuestas.


Por: Aldo Hernández 
Doctor en Medicina 
Profesor universitario de Anatomía Microscópica de la Universidad de El Salvador (UES) 
Médico de Clínica Metabólica del ISSS 
Investigador de la UES

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