Serie: Conócete a ti mismo; III- Aparato Circulatorio – Por Aldo Hernández

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Circulando
Serie: Conócete a ti mismo
III- Aparato Circulatorio

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Esencialmente son millones de células rojas que al unísono cumplen un círculo virtuoso. Llevan ochenta veces o más por minuto en el centro de su estructura interna cuatro moléculas de oxígeno, las cuales van empotradas en una compleja macromolécula rojiza por el hierro que posee, llamada: Hemoglobina. Cada una lleva esa molécula vital a todos y cada una de las células corporales. Esas millones de células rojas (‘eritros’) funcionan como un tejido líquido ubicuo en cada sistema corporal, es decir, circula en cada rincón de nuestro organismo. Ese tejido hecho de miles de millones de células diluidas en agua (plasma), aparte del Oxígeno, (molécula clave en cada célula para ocupar lo que comemos), transporta a cada célula: hormonas (elementos químicos de comunicación), otras células de defensa (leucocitos), plaquetas (pequeñas cuerpos que evitan hemorragias), también lleva: electrolitos y productos químicos para ser eliminados en los órganos respectivos. Es la encargada de conducir cada químico útil en todos los procesos de nuestro once sistemas corporales. ¡Con razón, de manera mística es asociada a la vida!

Esas células rojizas aplanadas deformables sin orgánulos (estructuras como: mitocondrias, núcleo, retículo endoplásmico, partes típicas de una célula) en conjunto, popularmente, la llamamos: sangre. Estas células duran 120 días y luego se recambian. Siendo abastecidas a la sangre, desde lo más interno de los huesos planos, la médula ósea. Ahí, hay lugares donde se desarrollan todas las células sanguíneas.

¿Dónde se transporta esta sangre?

Este líquido está contenido en una compleja red de tubos flexibles. Los cuales garantizan su flujo uniforme, su mantenimiento en los límites de ellos, evitando que se expulse completamente (Hemorragia), a través de una cadena de eventos químicos producidos por sustancias proteicas secretadas de las células internas de estos tubos. Funcionalmente, se conoce como coagulación.

Esta intrincada red de tubos, la transporta a las otras células, tejidos, órganos y sistemas. Esa trama, la hace circular en dos vías. Una vía que la lleva desde una especializada máquina de bombeo hasta cada medio interno escondido que baña los órganos, se le conoce, en medicina como: circulación mayor. En esa vía, la sangre se mueve a ritmo palpitante como pavoneando su rojo brillante. La otra vía es de retorno desde cada entresijo celular hasta un sistema purificador donde ocurre un intercambio de gases. En esa ruta, la sangre muestra su rojo ocre casi morado impulsada lentamente por una inercia de regreso.

Estas vías garantizan que la sangre ronde por todos los órganos y sistemas necesario a una velocidad establecida y una fuerza determinada. La sangre lleva un impulso que golpea las paredes de estos tubos asegurando así que ser atravesados y llegar a lo más profundo de las células. Estos tubos se les conoce como: vasos sanguíneos.

En nuestros brazos y antebrazos se puede visualizar un tipo de vasos sanguíneos, las venas, que se aprecian verdosas, y más notoriamente en las manos antes de los nudillos donde resaltan cuando las dejamos suspendidas. En el rostro en lactantes se puede contemplar una especie de ‘arañitas’, estas constituyen otro tipo de vasos sanguíneos, los capilares, cuyo diámetro es el más pequeño de todos. Otro tipo de vaso en esa red, que abastece cada rincón corporal, es la arteria, la cual sólo se puede percibir mediante palpación de su palpitar en ciertas zonas, como las sienes, laterales del cuello inmediamente debajo de la mandíbula, por las axilas, en el pliegue de los brazos, muñecas, ingles (‘encajes’), detrás de las rodillas y tobillos. Es un golpeteo rítmico constante que nos anuncia la fuerza con que la sangre circula hacia sus destinos.

Cada vaso sanguíneo referido en esa red, tiene una pared diseñada para cumplir ciertas funciones claves. Así, las arterias que surgen directamente de la máquina de bombeo, tienen paredes elásticas (Arteria aorta y pulmonar) para continuar el impulso hasta muy lejos. Hay otras que tienen un forro de tejido muscular para regular (Guíado por control estricto del sistema nervioso) el flujo por ciertos órganos, en ciertos casos, por ejemplo, en situaciones de miedo, los vasos sanguíneos de la piel (De ahí, la palidez) disminuyen su diámetro, redireccionando el volumen de sangre a músculos de los miembros inferiores para emprender la huída; también, cuando recién se ha finalizado una comida, el diámetro de los vasos sanguíneos aumenta en el intestino, por lo tanto, digiriendo la sangre para prepararse la absorción de nutrimentos (Glucosa, por ejemplo).

Las venas tienen paredes diseñadas para distenderse lo suficiente para acumular sangre y funcionar como reservorios. Asimismo, los vasos sanguíneos más delgados, los capilares tienen una pared lista para permitir el paso de sangre en libre (sinusoudes) en ciertos órganos como: hígado, regulado (fenestrados) en las glándulas y casi restringido (continuos) en el cerebro, timo y testículos (todo como manera de aislar esas células y discriminar minuciosamente lo que ingresa en ellas). Así, el contenido de la sangre es admitido en cada Medio Ambiente Interno de los órganos. Donde el cerebro lo ocupa para alimentar a las neuronas, los pulmones para eliminar el gas tóxico, los músculos para adquirir energía de contracción, el Intestino delgado para agregar sus nutrientes, el hígado para purificarla químicamente, el riñón para filtrar la y volverá orina, etc.

La sangre fluye estableciendo un circuito cerrado de mayor a menor diámetro de arterias elásticas, a musculares, luego arteriolas, hasta capilares, retornando a vénulas, y venas. Todo este sistema de vasos sanguíneos poseen una capa especial interna hecha de células llamadas células endoteliales que cumplen funciones esenciales como: producción de sustancias que regulan su diámetro, activan la inflamación, reparación y también la coagulación, que mencionamos arriba. Estos vasos sanguíneos pueden obstruirse, por múltiples sustancias y de diferentes formas, impidiendo llevar su contenido a las células, y si no se restituye el flujo, esas células morir, ese proceso patológico se llama: infarto. Puede ocurrir en cualquier órgano, pero es más conocido en el cerebro, corazón o pulmones.

¿Cómo se moviliza este líquido en los vasos sanguíneos?

El flujo circula impulsado mecánica y eléctricamente la bomba anatómica y fisiológica muy famosa conocida como: corazón, el cual es: una especializada máquina hecha de células musculares propias unidas entre sí, para contraerse sincrónicamente, funcionando como bomba biológica que impulsa la sangre comprimiendo la sangre rápida y rítmicamente en dos direcciones claves, las cuales definen las dos vías antes descritas. Un par de cámaras derechas reciben la sangre de todo el cuerpo, y luego la envían a los pulmones y el otro par de cámaras izquierda, la reciben de los pulmones y la envían a todo el cuerpo.

El corazón es autónomo. Tiene su propio sistema de conducción eléctrica, es decir, no requiere ser controlado por el cerebro a voluntad humana. Este sistema tiene un orden de trasmisión que cuando se altera (Arritmias) interrumpe el ritmo de las palpitaciones, las cuales inician en las aurículas (cámaras delgadas superiores) y terminan en los ventrículos (cámaras gruesas inferiores). Esta energía eléctrica propia hace que el corazón palpite incansablemente por lo menos entre ochenta y cien veces en un minuto. Lo hace con una fuerza suficiente y especifica para que la sangre llegue, suavemente a los frágiles vasos sanguineos de los pulmones e impetuosamente a las arterias que irrigan a tejidos lejanos. Esa fuerza que exprime la sangre contra las paredes de las arterias no debe sobrepasar una medida establecida, 120 mmHg: cuando se llena (Sístole) y 80 mmHg: cuando se vacía (Diástole). Si esa fuerza es mayor, hay daños en las mismas, como sucede en la hipertensión arterial.

La sangre cargada de nutrimentos (Glucosa, oxígeno, ácidos grasos, aminoácidos, etc) es bombeada por una gruesa capa del ventrículo izquierdo (cámara inferior izquierda) a través de una arteria amplia y elástica que se ramificará hasta su forma más estrecha y agujereada de paredes, vertiendo a cada Medio Ambiente Interno que baña cada célula; e inmediatamente, extraerá los desechos metabólicos (Dióxido de Carbono, Creatinina, Ácido Úrico, etc) a través de las vénulas que se conducirá hasta las venas más anchas para llegar al ventrículo derecho (Cámara inferior derecha) del corazón que impulsará la sangre a los pulmones donde obtendrá nuevamente el oxígeno y eliminará el gas nocivo (CO2).

Por la forma que lo he descrito pareciera que es lento y engorroso. No obstante, ocurre velozmente, de tal manera que el recorrido se hace, de manera normal, hasta más de cien veces en un minuto. Todo ocurre al mismo tiempo. Simultáneamente se llena y vacía el corazón; se intercambia oxígeno por dióxido de carbono; nutrimentos por desechos, de arteria pasa a capilar y a vena nuevamente. Y así circulando sucesivamente.

¿Cómo colabora con la homeostasis?

De manera esencial, lo hace, manteniendo disponible los químicos necesarios en los órganos que lo requieren para funcionar. Así, nutrimentos para las células; desechos para riñones; tóxicos para higado; gas eliminado a los pulmones, hormonas a los órganos, etc., todo ello garantiza un funcionamiento conectado. También lo hace estabilizando los químicos muy ácidos del cuerpo o ayudando ganar o perder calor según las condiciones de temperatura.

¿Cómo se relaciona el sistema circulatorio con la COVID-19?

Cuando el virus SARS-CoV-2 invade los pulmones, las células endoteliales que conforman la capa más interna de las paredes en sus vasos sanguíneos (De la cual hablamos) activa una serie de eventos de coagulación que hace la sangre en ellos, masivamente se coagule, imposibilitando el flujo sanguíneo en ellos. Asimismo, las células musculares del corazón son sitios donde el virus puede llegar alojarse.

De esa manera anatómica y fisiológicamente circula. Continuaremos en el siguiente capítulo con otro sistema, con el objetivo único de conocernos a nosotros mismos.


Por: Aldo Hernández 
Doctor en Medicina 
Profesor universitario de Anatomía Microscópica de la Universidad de El Salvador (UES) 
Médico de Clínica Metabólica del ISSS 
Investigador de la UES
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