“Una cuestión de justicia”; Ética, política y vacunas contra la COVID-19 – por Aldo Hernández

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El título se este artículo retoma textualmente como denominó de manera resumida el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, hace una semana al SAGE (Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico), al que considera el reto más crítico que se enfrenta en esta pandemia: acceso equitativo de las vacunas.

No es solo una forma de hablar o un formalismo, realmente Ghebreyesus está colocando el dedo en la yaga, en cuanto a la situación esencial de esta pandemia. Está invocando uno de los principios tanto de la bioética personalista como la principialista que remarca una valoración de prioridades, donde el centro es la igualdad y equidad en el acceso a los beneficios de salud. Manifiesta el ethos a desarrollar ante esta inédita situación de las prioridades de la vacunación (Ética), la actualización de lo ya aprendido como more (Moral) para determinar un protocolo obligatorio, un deber indiscutible (Deontología).

En realidad, esta preocupación no solo es verbal y reaccionaria a último momento de parte del Dr. Tedros, sino, tal como debe ser la justicia, concreta y oportuna, a esas palabras le respaldan una iniciativa de colaboración que acelera el combate contra la pandemia de la COVID-19, iniciada allá por abril del 2020, denominada Acelerador del Acceso a las herramientas contra la COVID-19 (Acelerador ACT), la cual se funda con cuatro pilares, uno de ellos es el COVAX, el cual tiene como propósito único de garantizar la asignación justa y equitativa de vacunas a todos los países, puesto en acción por Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI), la Alianza Gavi para las Vacunas (Gavi) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). De manera aún más concreta, se ha propuesto que 2000 millones de dosis se puedan distribuir equitativamente para finales de 2021. (Consultado de la página oficial de la OMS, para más información). Así inicia una línea cronológica que une las acciones para la valoración moral, ética y deontológica en cuanto al aspecto de la inmunización masiva contra la COVID-19. Y es como, en la realidad cotidiana, siempre cambiante y desafiante, somos puesto a prueba. Lo que ya hemos aprendido de lo correcto (Moral), debe ser actualizado para aplicarlo a sucesos nuevos, como es el caso de la vacunación contra la COVID-19 en una situación de escasez de recursos (Ética), necesitando así una especie de protocolo que nos indique el deber-ser de manera específica y clara (Deontología). Y para esta situación donde la vida y la salud del ser humano están en riesgo, resalta un tipo especial de código para la actualización y aplicación de lo moral, es decir, una ética aplicada a la vida, la bioética, la cual brinda principios clave para valorar en la toma de decisiones.

Es pertinente acotar, que no solo la vacunación equitativa ante la escasez de recursos es un problema complejo para quienes están en las áreas de la protección de la salud, también en esta pandemia, la medicina y demás ciencias de la salud han sido sometidas a encrucijadas morales, éticas y deontológicas, dados los problemas que se relacionan directa o indirectamente a su actuación, tales como: las medidas de prevención y su riña con los derechos humanos; la investigación científica para producir vacunas en humanos; la autorización de medicamentos con protocolos resumidos ante la alarmante cantidad de contagios y muertes; priorización de la vida sobre la economía, etc. No obstante, en este artículo, nos enfocaremos en el álgido tema sobre el acceso equitativo a las vacunas. Por lo cual, teniendo en cuenta la bioética y sus principios, el acceso a las vacunas debe ser regido por el principio justicia.

Para tener una apreciación íntegra y clara del concepto justicia al cual nos referimos, debemos entender que la palabra misma justicia, en sus raíces griegas y latinas (etimología), nos concentra en el prefijo: “jus” que proviene del latín: ius, la cual, Juvencio Celso hijo, jurisconsulto romano que vivió entre los siglos I y II de nuestra era, definía, como “el arte de lo bueno y de lo equitativo”, lo que significa que, cuando nos referimos a la justicia, estamos hablando de dos aspectos prácticos en lo cotidiano, lo bueno, es decir lo correcto, lo adecuado, así como lo equitativo, donde se infiere una proporcionalidad equilibrada, recordando que los romanos simbolizaban a la justicia como una mujer con sus ojos vendados, una espada en su mano y una balanza. Dicha balanza, se refiere a esa medida calculada de repartir beneficios o castigos lo más aproximado a la realidad. De manera sencilla la Real Academia Española define justicia como: Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, también, derecho, razón y equidad. Además define la justicia conmutativa como una figura del derecho, donde se entiende a la justicia que regula la igualdad o proporción que debe haber entre las cosas cuando se dan o se cambian por otras.

Con el propósito de ilustrar más el concepto justicia, Maria Antonietta Salamone, del departamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política II de la Universidad Complutense de Madrid, publica una revisión científica exhaustiva en 2013, en la revista Logos, donde expone como el significado de justicia es desarrollado por los griegos antes que los romanos (recordemos que los romanos absorbieron la cultura griega), y ella lo enfoca desde la raíz griega: díkē (que a su vez procede de la raíz sánscrita diś-[dik]), explicado en sus palabras:

“…al concepto especifico y astronómico de «línea del horizonte» que divide aparentemente el cosmos en dos partes iguales, la tierra y el cielo, significando la misma idea de igualdad la cual debe servir de regla para la norma justa y la perfección ética”.

Ella se apoya en la cosmovisión griega desde su aspecto religioso y mitológico (Homero y Hesíodo), donde: Díkē es una de las hijas de Zeus, la cual representa la justicia, así, lo aclara:

“…protegen las cosechas de los hombres mortales y no se oponen a su madre sino que complementan y amplían el ámbito de aplicación de su justicia al expresar el buen orden de los dos mundos divino y humano; y es por eso que a Díkē, al personificar la función igualitaria de la justicia, le corresponde por el símbolo de la espada «la división de las cosas en partes iguales»…”

Vemos como la justicia se manifiesta cuando las personas, y en estés caso quienes toman decisiones claves en el aspecto de salud, reparten con igualdad proporcional los bienes, en este caso las vacunas. Asimismo, en dicho artículo, cita a Platón, desde sus escritos: “Las Leyes”, donde precisa más el aspecto de igualdad como justicia, estableciendo: “…en esto consiste, precisamente, la más excelente justicia distributiva platónica: dar a cada cual lo adecuado «proporcionalmente» a su naturaleza”. Finalmente, ella plantea que Díkē, entendida como conceptualización griega de justicia, citando a otros expertos en etimología, lo siguiente:

“…Cornford, Palmer y Gagarin entre otros, el significado esencial del término díkē hace referencia más que a una moralidad entendida genéricamente al procedimiento legal como sistema pacifico de resolver las controversias y restablecer la concordia o igualdad proporcional entre los dos contendientes, lo cual se expresaba antiguamente trazando una imaginaria «línea divisoria» entre ellos”.

Por lo tanto, la justicia, va más allá de solo un valor teórico moral aprendido que se oculta en nuestras mentes e ideales, es en realidad en todo el sentido de la palabra, un sistema para resolver inequidades, una manera de abordar aquellas complejidades que requieren una solución acorde a las necesidades y los recursos disponibles.

Es por ello que para los aspectos sanitarios, o de salud pública se considera la justicia como un principio de la bioética; Juan José García, en su publicación del 06 de julio de este año en la Enciclopedia de Bioética de la Universidad Católica del Cuyo Argentina, explica:

“…El principio de justicia refiere a la obligación de igualdad en los tratamientos y, en lo que respecta al Estado, a la equitativa distribución de recursos para la sanidad, los hospitales, la investigación, etc. (https://enciclopediadebioetica.com/)

Quedando de manera explícita y clara, no solo el aspecto equitativo de recursos, sino estableciendo el vínculo irrompible entre la Medicina, la ética y la política. Es decir, la ética o más específicamente la bioética, no solo le concierne al médico en su calidad de clínico quien atiende a un paciente o su familia, sino que lo conecta con la salud de su país, de la salud pública, lo vincula con la política estatal de salud, desde la ética como actualizadora por antonomasia.

Es por ello, en el contexto de la distribución de las vacunas, este aspecto de la justicia aplicada en ella, se plantea temprano, una especie de código deontológico (ética-moral convertida en protocolo práctico), es así como el 27 de mayo del 2020 el Instituto de Bioética Berman, John Hopkins, por medio de sus investigadores Justin Bernstein , Brian Hutler , Travis N. Rieder , Ruth Faden , Hahrie Han , y Anne Barnhill junto con el Instituto Ágora SNF, publica una especie de algoritmo, o claves a considerar en las situaciones que la pandemia lo amerita, y en ellas, incluye la justicia, entendida como uno de cuatro valores a tomar en cuenta por quienes toman decisiones, lo explican así:

El tercer valor moral amplio a considerar es la justicia. La justicia , en el sentido que tenemos en mente, se refiere a si las cargas y los beneficios de una política se distribuyen de manera justa. La justicia, así entendida, a menudo se analiza en términos de los impactos diferenciales de las políticas en diferentes grupos éticamente relevantes. (Más información en: https://bioethics.jhu.edu/research-and-outreach/covid-19-bioethics-expert-insights/resources-for-addressing-key-ethical-areas/grappling-with-the-ethics-of-social-distancing/).

Dicho código es dirigido específicamente a quienes toman decisiones, quienes elaboran e implementan políticas públicas de salud, por lo cual es retomado por la OMS para ocuparlo como una guía a la cual recurrir en el establecimiento de parámetros de sus estrategias pilares, incluyendo el pilar COVAX ya mencionado.

Sin embargo, la realidad geopolítica mundial evidencia su descalabro mundial, siendo ya avizorado por los expertos, desde el 02 diciembre 2020, donde Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF, en un encuentro organizado por el Foro Económico Mundial, expresa:

“…Sin embargo, ahora mismo la distribución de las dosis de las vacunas contra el COVID-19 no parece estar siendo muy equitativa: los 27 países miembros de la Unión Europea y otros 5 países de altos ingresos ya han reservado la mitad de todas las vacunas disponibles, aunque solo constituyen el 13% de la población. Muchos de ellos tienen suficientes reservas aseguradas como para vacunar varias veces a su población: Canadá con 9 dosis reservadas por persona, Estados Unidos con 7 dosis reservadas por persona, Reino Unido con más de 5 dosis reservadas por persona, Australia con 5 dosis por persona y la Unión Europa con más de 4 dosis reservadas por persona…”

Esa triste realidad muestra como se impone la injusticia fáctica desde quienes poseen el verdadero poder, aún sobre organismos mundiales que velan por el principio ético de justicia.

Lastimosamente, el fenómeno antiético se consuma, y es allí, donde el 18 de enero de este año, se pronuncia el director de la OMS, haciendo su declaración publicada por todos los medios internacionales:

“…Tengo que ser sincero: el mundo está al borde de un catastrófico fracaso moral, y el precio de este fracaso se pagará con vidas y medios de subsistencia en los países más pobres del mundo…”

En esa alocución, detalla como se habían administrado más de 39 millones de dosis de vacunas en 49 países de ingresos más altos, mientras que un país pobre solo se habían administrado 25 dosis.

La situación de acaparamiento no para y se verifica por la experta Andrea Taylor del Instituto de Salud Global Duke, líder de investigación para el flujo de trabajo COVID-19 del proyecto Launch and Scale, y analiza datos globales sobre vacunas, asociaciones y terapias para combatir la pandemia, ella expone:

“…Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?”

Finalmente, hace más de un mes, António Guterres, secretario general de la ONU, al verificar que en diez naciones ricas se han aplicado el 75% de vacunas, emite su declaración lapidaria: “la campaña de vacunación global representa la prueba moral más grande de nuestros tiempos”.

Es elocuente la relación entre la Medicina y la política articulada con la ética, lo que implica la responsabilidad mayor de aquellos que ejercen la Medicina y ocupan cargos públicos. Para el caso de la vacunación, ya están claras las prioridades (sugeridas por la OMS, según lo expresado anteriormente) para una justa vacunación, así, finalizo citando los grupos de la fase uno: Trabajadores de primera línea en el ámbito sanitario y de la asistencia social (Militares, policías, bomberos, administrativos de salud, profesores, etc), personas mayores de 65 años, personas menores de 65 años que presentan enfermedades preexistentes debido a las cuales tienen un mayor riesgo de fallecer.


Por: Aldo Hernández 
Doctor en Medicina 
Profesor universitario de Anatomía Microscópica de la Universidad de El Salvador (UES) 
Médico de Clínica Metabólica del ISSS 
Investigador de la UES

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