El sobreviviente iracundo de la masacre de La Joya

José Martínez, de 66 años de edad, llegó indignado e iracundo al Juzgado Segundo de Primera Instancia de San Francisco Gotera. Al menos así se veía cuando habló con los periodistas antes de ingresar a la audiencia en donde rendiría su testimonio. Esa indignación y enojo, quizás hasta rabia, ha estado acumulada por más de 36 años. Este jueves 14 de diciembre de 2017, por primera vez, tuvo la oportunidad de pedir al Estado: Justicia por la masacre de El Mozote y los lugares aledaños.

A pesar de su decisión para hablar, en la audiencia los nervios hicieron que iniciara un poco modesto al momento de hablar, pero esto fue desapareciendo en la medida que daba detalles sobre lo que vio entre el 10 y el 16 de diciembre de 1981.

“Yo estaba en La Joya, allí vivía en la casa con mi familia, mi esposa, con mis hijos. El día 10 (de diciembre) todavía estábamos allí en la casa”, comenzó su relato José Martínez. Ese día huyó de su casa “por la balacera que hizo la Fuerza Armada en las alturas. Allí le decíamos la Arada Vieja”, recordó este testigo, quien describe que los soldados se encontraban apostados arriba del cantón La Joya y comenzaron a disparar alrededor de las 4:00 p.m.

Ese mismo día, el 10 de diciembre, dice que vio helicópteros sobrevolar y aterrizar en la zona. En la tarde de ese día, escuchó que bombardearon La Joya. Los ataques, seg+im José, provenían de Osicala, Morazán

¿Logró observar usted donde hacían impacto esos morteros? — Preguntó Wilfredo Medrano, acusador particular y abogado de Tutela Legal María Julia Hernández.

Lanzaban al río, a La Joya, ahí cayeron…a unos cerros. — Respondió José.

— ¿Cuánto tiempo estuvieron lanzando morteros?

— ¡Nombre! Eso desde que empezaron el día 10.  — Señaló José.

— ¿Hasta cuándo?  — Volvió a preguntar Wilfredo Medrano

Hasta el día 13. Las grandes tirasones de la pista de Gotera salían esos hombres.

— ¿Por qué dice usted que de Osicala disparaban esos morteros?  — Repreguntó el abogado.

Porque la gente que iba a pasear (antes del 10 de diciembre) decía “ahí está la gente. Ahí están los militares  en el campo de Osicala. Ahí por la cancha y tienen unos aparatos grandes. Tienen unos caños decían”, así decía la gente.  — Indicó José.

José Martínez, sobreviviente de la masacre de La Joya, hablando con la prensa antes de rendir su declaración en el Juzgado Segundo de Primera Instancia de San Francisco Gotera. Foto: Neftalí Cruz

Martínez junto a su familia, su esposa y dos hijas, una de cuatro años y la otra de dos años a quien llevaba cargada en su cuello, se escondieron en un lugar conocido como Agua Zarca. Allí estuvieron alrededor de dos horas durante la noche del día 10. Posteriormente se dirigieron a el cerro El Brujo, el cual se encuentra al norte de La Joya, según explicó el testigo. En ese lugar permanecieron toda la noche.

“El día 11 se escuchaban disparos en La Joya. No voy a decir que de la Fuerza Armada, porque no miraba. Yo escuchaba de el Cerro El Brujo a La Joya”, expresó Martínez. Los disparos se escuchaban de manera intermitente durante ese día.

Al siguiente día, el 12 de diciembre, alrededor de las 10:00 a.m., Martínez pudo ver desde el cerro El Brujo a La Joya que una mujer corría de los militares en medio de los disparos que aún continuaban. Los soldados alcanzaron a la mujer y esta cayó en una quebrada.

Durante su estadía en el cerro El Brujo, Martínez señaló que pasó un amigo suyo llamado Simón que venía de La Joya.

¿Y qué hay en La Joya? — Le preguntó José a Simón

Te mataron a tu mamá — Le respondió Simón.

¿A dónde? — Preguntó nuevamente José.

En la casa de Damián Gómez. Ella sola está allí, muerta — Le contestó Simón.

La madrugada del 13 de diciembre, Martínez junto a su familia partieron del cerro el Brujo hacia un lugar que le llaman Los Vigiles. Durante su trayecto, encontró dos personas adultas muertas.

En Los Vigiles solo permanecieron la noche del 13. Al amanecer del siguiente día, se dirigieron al Zapotal de Joateca, donde había otros habitantes. lugar al que llegaron alrededor de las 4:00 p.m. Allí permanecieron por dos días.

El 16 de diciembre, José dejó a su familia con el resto de personas y partió nuevamente a La Joya para buscar a su madre, Felipa Martínez, de 73 años. Al llegar a su cantón, solo encontró destrucción. La mayoría de casas estaban quemadas y en una de esas encontró a su madre. A ella la encontró muerta bajo los escombros de la casa de su compadre Damián Gómez. Una de sus piernas se las habían cortado.

¿Pudo observar una parte del cuerpo de su mamá? — Preguntó el acusador particular y abogado de la organización Cristosal, David Morales.

Sí, la vi a mi mamá. No me acerqué bien, pero la ví bien. — Respondió José durante su declaración en el juzgado.

—  ¿Cómo reconoció que era su mamá? — Volvió a preguntar Morales.

Por el traje. — Contestó José

¿Cuánto tiempo permaneció en el lugar donde vio a su madre muerta? — Preguntó Morales.

15 minutos, porque el sumo no se aguantaba. — Respondió José.

José Martínez continuó caminando por La Joya. Recorrió unos cuantos metros y encontró a las familias Sánchez y López asesinadas. Después bajó hacia un río que divide a los caseríos La Joya, Los Martínez y El Potrero. En ese lugar estaban amontonados dos grupos de personas muertas, entre las que se encontraban María Martínez junto a sus cinco hijos. María era hermana de José.

— ¿Qué impacto ha causado estos hechos en su vida? — Pregunta el abogado David Morales.

De pensar eso se siente triste cuando le matan a la familia, además cuando se la matan injustamente pues. ¡¿Qué delito tenía este niño?! ¡¿Que delito tenía esta madre?!  ¡¿Que delito tenía esta anciana para que la mataran?! —Respondió José Martínez

¿Qué pide usted en este caso? — Cuestionó Morales.

— Mire, si tan cierto fuera que hay una ley, y  por qué que no aplican justicia pues. ¡Que se aplique justicia! Que la apliquen, pues, porque sino nunca va a haber justicia en este país. Tiene que haber justicia, porque, mire, eso de matar gente inocente nombre que barbaridad. — Expresó José.

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