Varios católicos se han crucificado voluntariamente en ceremonias que recrean la muerte de Cristo con motivo de la celebración del Viernes Santo en diferentes localidades de Filipinas, informa AFP.

Durante el ritual, hombres disfrazados de centuriones romanos meten clavos de unos diez centímetros en las palmas y piernas de los voluntarios, que después clavan en las cruces de madera. Quienes participan en la acción lo hacen para pedir perdón por los pecados y expresar gratitud por los favores concedidos.

Algunas personas también se someten a la flagelación de la espalda con varas de bambú atadas con una cuerda hasta que les brota la sangre. Después del ritual, los participantes reciben asistencia médica y los doctores les esterilizan las heridas.

La tradición también se ha convertido en atracción para los turistas, que llegan a Filipinas para ser testigos de estas muestras de devoción extrema.

La tradición anual de la crucifixión con fijación de clavos se originó en Filipinas en 1962, aunque la Iglesia católica de Filipinas no aprueba estas manifestaciones tan extremas de devoción. «La crucifixión y la muerte de Jesús son más que suficientes para salvar a la humanidad de los efectos de sus pecados. Son acontecimientos que ocurren una vez en la vida y que no hay necesidad de repetir», explica a AFP Jerome Secillano, portavoz de la Conferencia de Obispos Católicos de las Filipinas.

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