Con un aumento de los precios de la gasolina del 31% apenas este año y del diésel en un 68%, el Gobierno brasileño intenta que la petrolera estatal Petrobras congele los precios de los combustibles, aunque la empresa, por el momento, asegura que no puede hacerlo, lo que ha generado un aumento de la inflación que dificulta la reelección de Jair Bolsonaro.

El aumento de los precios de los combustibles en Brasil se ha convertido en un problema de Estado ante el que el gobierno intenta reaccionar, sin éxito, pensando en las elecciones presidenciales del próximo mes de octubre.

En Brasil, el precio de los combustibles lo establece la petrolera estatal Petrobras. En 2016, el gobierno decidió que Petrobras dejara de subsidiar el precio de los combustibles, algo que inviabilizaba la entrada de competidores en el mercado de distribución, y pasase a utilizar el Precio de Paridad de Importación para definir el valor de los productos, es decir, pasó a tener los precios del mercado internacional.

Pese a ser uno de los mayores productores mundiales de petróleo y tener unas grandes reservas, Brasil necesita importar petróleo por dos motivos: no tiene suficientes refinerías para atender su producción y porque el petróleo brasileño es predominantemente pesado, por lo que necesita otro tipo más ligero, que viene de fuera, para mezclarlo.

Esto deja el petróleo brasileño a merced de los precios en el mercado internacional, con lo que cualquier subida del precio del barril acaba impactando en los precios de los combustibles en el país.

“Juntando el precio del petróleo, que está muy caro, y la conversión del dólar al real, que también está difícil, hace con que el petróleo llegue a Brasil muy caro. Buena parte del petróleo que usamos en Brasil todavía es importado. Petrobras es una empresa que necesita tener beneficio, no puede tener déficit”, dijo Paulo Roberto Feldmann, profesor de economia de la Universidad de Sao Paulo e investigador de la Universidad China de Fudan.

Apenas en 2022, el precio de la gasolina ha subido un 31%, y el del diésel un 68%.

Esto ha provocado un aumento de la inflación en Brasil que, en los últimos doce meses hasta mayo, superó el 12%. En un año electoral, el gobierno sabe que este encarecimiento de los precios y de los combustibles puede tener un impacto muy grande en los comicios, por lo que, pese a defender la privatización de Petrobras, quiere controlar los precios de la petrolera.

En desacuerdo con esta política de no congelar los precios, Jair Bolsonaro destituyó a tres presidentes de Petrobras y acaba de nombrar a un cuarto esperando que haga caso a sus peticiones, algo que no han hecho los anteriores.

Consciente de que se juega su reelección, Bolsonaro ha hecho duras críticas en público a Petrobras, que en el primer trimestre del año tuvo un beneficio cercano a los 9.000 millones de dólares.

Ante las críticas, la estatal argumenta que está obligada a practicar los precios internacionales, y que si congela los precios, como le pide el gobierno, los importadores privados pueden desistir de actuar en Brasil, lo que puede provocar escasez de combustibles.

“Petrobras está correcta en mi opinión, es una empresa como cualquier otra empresa que necesita tener beneficio, no puede tener una actuación social como el gobierno actualmente dice. El gobierno brasileño es un accionista importante, pero no es el único, y lo que los accionistas exigen es que la empresa dé beneficio, y está obligada a hacerlo, exige una legislación, incluso en Brasil, que es la del Compliance, cuando algún directivo no permite que la empresa tenga el máximo beneficio posible, puede procesar la empresa, y todos los directivos de Petrobras tienen miedo de esto y no seguirán la decisión del presidente de la República, de Bolsonaro, porque si no, podrán ser procesados, entonces estamos en una situación muy difícil ahora en Brasil”, dijo el profesor Paulo Roberto Feldmann.

Tras el último aumento anunciado, Bolsonaro acusó a los directivos de Petrobras de traición y dijo que pedirá al Congreso abrir una Comisión Parlamentaria de Investigación sobre las políticas de la empresa.

Por su parte, la oposición se mostró favorable a esta investigación, porque considera que así quedarán demostradas las intervenciones del gobierno para controlar los precios de los combustibles.

Mientras tanto, la población sufre los impactos de esta subida de los combustibles en su día a día.

“Están muy altos, cada vez mayor, perjudicando a la población en general, aumenta todo, no solo la gasolina, el diesel también aumentó mucho, y entonces aumentó todo, la alimentación y todo en general”, dijo Henrique Jesus, un ciudadano brasileño.

“No salgo más, pienso antes de salir, y me preocupo porque toda la logística de entrega de cualquier cosa de producto nacional es vía camión diesel e imagino que dentro de algunos días todo estará absurdamente más elevado”, dijo Sung Jee Bae, otro ciudadano brasileño.

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