¿Por qué debemos quedarnos en casa? – Por Aldo Hernández

Política, salud pública y epidemiología durante el COVID-19

Es una pregunta recurrente que se asoma al pensamiento de cada persona en El Salvador, Centroamérica, América y el mundo a quienes el Estado ha limitado por ley, y de manera estricta, la libre circulación entre colonias, municipios y entre países.

Con diferentes connotaciones, se cuestiona la indicación: “Quédate en casa», desde una queja por un simple aburrimiento, pasando por una legítima aflicción asociada a la economía familiar, hasta un cuestionamiento serio y mordaz por estadistas mundiales, políticos, periodistas y dueños de multimillonarias empresas.

Aún más, se presentan debates entre especialistas de la Medicina que consideran la cuarentena, válida, pero extrema.

El término cuarentena, con seguridad ya se buscó exhaustivamente a través de la internet. Y probablemente, se encontró con múltiples y variadas definiciones. En realidad, la terminología ya se popularizó y se volvió parte del lenguaje común, sin precisar con exactitud su significado.

El punto esencial es que, ahora que ya forma parte de una directriz legal, cuando ya se usa como una medida restrictiva por el poder ejecutivo, y además se asocia a sanciones, es que se intenta naturalmente cuestionar, surgiendo interrogantes válidas: ¿Por qué el gobierno ejecutivo toma la medida de cuarentena? ¿Es una medida política?¿Qué o quién define el número de días de una cuarentena?

Debido a la gran “infoepidemia” permitida por el acceso portátil masivo a internet actual, ya se debe tener ideas coincidentes y contrapuestas que pueden haber generado confusión y hasta molestias. Aquí, se brinda una sucinta explicación:

Cuarentena es un término de Salud Pública, (un campo específico de la Medicina) implica una medida sanitaria de aislamiento personal, colectivo o nacional, relacionada principalmente con el cálculo del tiempo en el cual un tipo especial de enfermedad infecciosa se puede contagiar, más precisamente, los días o semanas durante el virus, bacteria, hongo, parásito, helminto (conocido popularmente como “Lombrices”) o artrópodo (insecto minúsculo) se transmita de una persona a otra, de una familia a otra, de una comunidad a otra, de un municipio a otro, de un país a otro y aún peor de un continente a otro.

Cada enfermedad transmisible tiene un determinado tiempo de contagio.

¿Cómo se hace ese cálculo del mismo?

En el siglo XIV, cuando apareció la palabra: “Cuarentena”, efectivamente eran, cuarenta días de aislamiento, de ahí la raíz de ella, debido a la duración de la Peste Bubónica o Peste Negra (Ocasionada por una bacteria llamada: Yersinia Pestis) aproximadamente deccuarenta días, es decir el tiempo visible de sus manifestaciones clínicas, hasta el fallecimiento o recuperación del paciente. Esa medida poco exacta, respondía a lo que se podía ver y a una visión primitiva que se tenía sobre la forma en que las personas se enfermaban.

Ahora, dados los avances de la ciencia en detección por exámenes de laboratorio, con mayor precisión, se toma en cuenta otros criterios, como tiempo de incubación, es decir, previo a los signos y síntomas propios de la enfermedad, durante la manifestación de los mismos y posterior a la resolución.

Además se incluye el tiempo que resiste el microorganismo en el ambiente o el tiempo que tarda una persona curada, expulsar el mismo por heces u orina.

En el caso de la COVID-19 se ha establecido por el equipo de expertos: en Salud Pública, epidemiólogos, microbiólogos (Especializados en seres microscópicos), infectólogos (Médicos internistas expertos en abordaje de enfermedades infecciosas) y virólogos (Expertos en virus), en un máximo de 14 días.

No obstante, dado que es un virus nuevo, deben conocer su comportamiento, su resistencia, y mecanismos de adaptación, tanto fuera y dentro de su huésped (humano), de acuerdo se suceda progresivamente en su adaptación en y fuera de ellos.

En medio de ese tiempo de aislamiento, también se cumplen otras medidas complementarias, acorde al tipo de enfermedad y parásito, como: limpieza rigurosa, distanciamiento social, uso de implementos que recubran rostro, manos, etc.
También, se establece gradualmente, se inicia restringiendo al enfermo, luego al cuidador, avanzando a familia, colonia con cordones sanitarios entre municipio, departamento y hasta en cada país. El orden lo establece la evaluación del equipo de salubristas (expertos en salud pública) y epidemiólogos (expertos en el comportamiento de enfermedades en poblaciones) que asesoran al presidente.

No pretendo agotar esa temática de incumbencia propia de Salud Pública, sino aclarar porque se requiere que haya policías y militares, ejecutores de la violencia legítima del Estado, controlando tal medida en la población.

Dada la naturaleza propia de ciertas enfermedades transmisibles de alta contagiosidad (como la actual), que abarcan poblaciones enteras y países completos, agregando que hay casos que requerirán cuidados intensivos en hospitales y algunos fallecerán; y tomando en cuenta que hay una cultura evidente de falta de apego a las normas públicas, junto a eso costumbres afincadas de proximidad, como besos, apretones de manos, abrazos, compartir utensilios, etc.

Es cuando, se requiere que tome las riendas el Estado, auxiliado de expertos en Salud Pública y Epidemiología con diferentes consultores, como infectólogos, inmunólogo (Expertos en vacunas), virólogos; así podrá mediante recursos de ley, como decretos de emergencia y régimen de excepción obligar al aislamiento y castigos a quienes violen la cuarentena.

El médico clínico que dicta órdenes que los pacientes deben cumplir para curarse y evitar infectar a otros tiene limitaciones parciales o totales para verificar el cumplimiento de las mismas. Y podría apoyarse en la repetición de las indicaciones de enfermería y aún más de los inspectores de saneamiento para comprobar si se cumplen.

El infectólogo recurre al ingreso hospitalario para hacer cumplir órdenes. Sin embargo, cuando la infección se vuelve masiva, solo la fuerza regulada estatal podrá obligar a cumplir para evitar el colapso del sistema de salud. (Aunque no debe esperar ese colapso, debe adelantarse prudentemente).

Por: Aldo Francisco Hernández Aguilar Doctor en Medicina, 
profesor universitario de Anatomía Microscópica e investigador de la 
Universidad de El Salvador (UES) y médico de la Clínica Metabólica del 
Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).

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