Fiebre y disnea

En este contexto de alerta de salud pública en nuestro país, asociada a la epidemia de Neumonía de Wuhan en Asia, Europa y en algunos países cercanos al nuestro, las consultas por síntomas respiratorios, como estornudos, congestión nasal, rinorrea (mocosera), odinofagia (molestias en la garganta), febrícula (fiebre con temperatura menor que 38.5 °C) y tos, suelen aumentar desproporcionadamente en todos los centros de salud, independiente del nivel de atención.

Todo ello ocasiona: una saturación de personas y hacinamiento en las áreas de emergencia, salas de espera de consulta, etc. condicionando así, aún más el riesgo de transmisión masiva.

Y aunque el llamado siempre es a consultar a los centros de salud más cercano, es pertinente establecer las precisiones con respecto a ciertos signos y síntomas que se constituyen como un imperativo inmediato asistir a una emergencia, ya sea de Fosalud, Unidad de Salud, ISSS, Bienestar Magisterial, Hospitales, etc.

Hay dos señales corporales por las cuales, independiente de la edad, se debe consultar de inmediato: la fiebre y la disnea, sobre las cuales deseo extenderme en su explicación.

Con respecto, a la fiebre, deseo aclarar que se refiere a un aumento evidentementemente sensible de la temperatura de todo el cuerpo, que se manifiesta con malestar general, cefalea intensa (dolor de cabeza), osteomialgias (dolor de las carnes, de los músculos), piel caliente y en la mayoría de los casos se presenta el rostro enrojecido (“chapudo”), también cierta pérdida de apetito, adinamia (“desgano” para realizar actividades cotidianas), nauseas y mareos.

Todo ello, si se presenta al mismo tiempo que los síntomas respiratorios referidos al inicio, es una razón válida y necesaria para consultar. Aunque lo ideal sería que se midiera la temperatura usando termómetro para confirmar que la fiebre supera los 38.5 grados centígrados, lastimosamente, no se posee uno y/o no se puede leer el resultado.

La otra señal a la que quiero referirme es a la disnea, consiste en una sensación imperiosa de aire, una sensación de ahogo, una dificultad para respirar que implica usar músculos torácicos que no suelen usarse normalmente. Es así, que esa sed de aire, lleva a que se noten hundimientos al respirar alrededor del cuello y entre las costillas, haciendo notorio el esfuerzo para inspirar.

Al principio se observa, que se respira más frecuente, luego se va incrementando y haciendo evidente lo difícil que se convierte respirar. En el caso de las neumonías virales, incluída la neumonía del nuevo coronavirus, presentan tal síntoma, acompañado de los otros ya resabidos síntomas como: tos, rinorrea (mocosera), estornudos
múltiples, congestión nasal y la fiebre ya mencionada.

Es así, como la disnea es un síntoma de obligatoria consulta, aunque apenas aparezca.

No debe confundirse la disnea, o dificultad para respirar con la dificultad para inspirar por la nariz, que se relaciona con la congestión nasal. Ya que, la segunda, se alivia con la respiración por la boca.

De manera categórica quiero expresar que tanto la fiebre ya referida, como la disnea explicada, son motivos indiscutibles de consulta inmediata en emergencia de cualquier nivel de salud. Y enfatizo que ambos son síntomas que las autoridades de salud, están obligados evaluar exhaustivamente y atender si fuera posible en unidades de observación de los centros de salud (“ingreso temporal”).

Los otros signos y síntomas que se han vuelto de moda para recurrir a los centros de salud en esta coyuntura, que ya cité al iniciar el artículo, deben consultarse también, pero no con la misma premura que los explicados extensamente.

Lo recomendable es que cada centro de salud debe aislar un área y destine recursos humanos específicos (Médico, enfermera y personal de farmacia) con las debidas protecciones, para atender y seleccionar los signos y síntomas respiratorios, así diferenciar: Gripe de Rinitis Alérgica; Asma de Bronquitis; asimismo detectar verdadera neumonía. Evaluaciones que definirán si amerita atención local o debe ser derivado a hospitales de atención más compleja.

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Por: Aldo Francisco Hernández Aguilar 
Doctor en Medicina, profesor universitario de Anatomía Microscópica 
e investigador de la Universidad de El Salvador (UES) y médico 
de la Clínica Metabólica del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).

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