La experiencia laboral: una barrera para el primer empleo

Para nosotros los jóvenes, obtener nuestro primer empleo es fundamental para forjar una trayectoria laboral positiva. No obstante, cuando buscamos la inserción al mercado a temprana edad, vemos las oportunidades restringidas. Un problema muy común al que nos enfrentamos es cuando estamos en busca de nuestro primer empleo y si no tenemos experiencia laboral no nos contratan. Esto limitará las capacidades a nuestro futuro. ¿Te identificas?

Como universitarios graduados queremos  pasar del aula a la oficina, los reclutadores quieren conocer nuestra experiencia laboral previa, pero sí es nuestro primer empleo, es probable que el panorama sea gris. Muchos somos rechazados y no conseguimos el puesto.

Según cifras del Fondo Monetario Internacional, en El Salvador, en el 2014, el desempleo alcanzó una tasa del 5.5 %.

Por otra parte, según estudios de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el porcentaje de subempleo entre inicios de los años 90 y finales del 2015, se ha mantenido en 30%, aunque organismos internacionales consideran que sobrepasa el 40%.

Ante este panorama, cabe la pregunta, ¿qué está haciendo el Gobierno para insertarnos a nosotros los jóvenes ante el verdadero mundo laboral?

La Ley General de Juventud, en el artículo 17, literal K, ordena la promoción de pasantías laborales en los sectores público y privado, enfocadas en las necesidades de desarrollo del país. Además, en el artículo 18 de la misma, se ordena crear, ejecutar y dar seguimiento a los programas que garanticen el derecho al primer empleo para la población joven, así como garantizar la creación de oportunidades de trabajo dirigidas a esta población, considerando siempre sus particularidades.

En una entrevista con la directora del Instituto Nacional de la Juventud, Jeymi Muñoz, explicó que el programa “Jóvenes con todo” —el cual tiene a más de 3,700 jóvenes inscritos— tiene como principal objetivo generar habilidades competitivas que les permita incorporarse al mundo laboral.

La titular también detalló que hay un esfuerzo amplio de articulación con el Ministerio de Trabajo para que se coordine lo público con lo privado en la creación de oportunidades para los jóvenes. Justamente, uno de los esfuerzos dentro del programa es la “pasantía laboral”. Esta hace que durante cuatro meses los jóvenes puedan ganar experiencia en los puestos de trabajo y que les permita desarrollar su hoja de vida.

Ahora, estas prácticas profesionales o “pasantías” también tienen un poco el “lado oscuro”. Es muy probable que nos quejemos de jornadas largas, trabajo no remunerado, incluso; llegamos a pensar “el pasante hace el trabajo que nadie quiere hacer”. También es muy lógico que tu mente se invada con preguntas como: ¿Vale la pena tanto esfuerzo? ¿Es justo trabajar y que no me remuneren? ¿ Y si después de tanto sacrificio no me dan la plaza y no logro abrirme espacio en el mundo laboral? Todas estas son cuestiones que definitivamente debemos valorar, pero después de todo, aquí en El Salvador este el precio que se debe pagar por conseguir experiencia laboral o un empleo.

Los datos del INJUVE detallan que, en el 2016, se colocaron a más de 800 jóvenes en pasantías laborales. Sin embargo, la institución no ha brindado cifras concretas de cuántos jóvenes han logrado colocarse formalmente en instituciones públicas y privadas.

Frecuentemente, escuchamos decir, por ejemplo, “estudié ingeniería o estudié mercadeo”, cuando lo ideal sería decir “soy ingeniero o soy mercadóloga”, pero lastimosamente el mercado laboral no nos deja. Es en este difícil momento en el que nos preguntamos incluso, ¿si lo que estudiamos cumple con la demanda laboral?

Según el rector de la Universidad de El Salvador, Roger Arias, casi el 50% de la demanda se centra en las carreras de idiomas extranjeros, medicina y jurisprudencia. Para Roger, el boom de los call center en este país hace que los estudiantes aspiren a la Licenciatura en Lenguas Modernas, no para culminar la carrera, sino más bien para tener el idioma e incursionar en este tipo de trabajo.

Bajo este planteamiento, nos debemos preguntar, ¿cuál debe ser la relación entre la formación académica y la oferta laboral? Es muy claro que existe una brecha entre ambos sectores, lo que debería de hacer reflexionar tanto a la  universidad nacional, como a las universidades privadas, en su rol de cumplir adecuadamente con su misión de preparar a sus alumnos para la inserción laboral y no quedarse únicamente con la parte teórica.

En el 2016, Catholic Relief Service realizó un estudio de mercado laboral que revela que los jóvenes son el segmento poblacional más afectado por el desempleo. Uno de los principales hallazgos del mismo es que la falta de experiencia es en sí un obstáculo para obtener el primer empleo.

No hay ningún secreto ni fórmula mágica que de hoy para mañana haga que una persona que no ha trabajado nunca le lluevan las ofertas. Sin embargo, sí es importante que el Estado defina un plan de acción para incorporar a los jóvenes profesionales al mundo laboral, y así aprovechar las competencias de las nuevas generaciones.

Por otra parte, la formación académica y el modelo productivo del país no puede seguir ignorándose el uno al otro. El gobierno no puede limitarse a tratar de colocar profesionales al final de su etapa en la educación superior, sino establecer cuál será la apuesta de país en la que se centrarán los esfuerzos como nación.

*Periodista y presentadora del noticiero estelar de InformaTVX

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