“El FMLN ha gobernado como cualquier partido de derecha”

Hablar de izquierdas o derechas puede parecer ya una cosa “pasada de moda”. Intentar encontrar diferencias, definiciones, que ayuden a profundizar en estos términos, tan trivialmente usados, no resulta redituable para las instituciones políticas formales y sus dirigentes.

Precisamente, no son pocas las figuras mediáticas —que han asaltado la política— que nos anuncian en tono mesiánico que “se acabaron las ideologías” que es mejor “despolitizar las discusiones”, pues “son cosa del pasado”.

A una semana de la parafernalia oficial, que celebró el octavo año del FMLN al frente del poder Ejecutivo, buscamos hacer una lectura crítica del papel del partido de Gobierno con el académico Danilo Miranda. Actualmente, Miranda se desempeña como profesor del Departamento de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Centroamericana (UCA). Es Maestro en Ciencia Política y Licenciado en Relaciones Públicas y Comunicaciones, además, estudia el Doctorado en Ciencias Sociales. También se ha desempeñado como docente invitado en Instituto Especializado de Educación Superior para la Formación Diplomática (IEESFORD) y como consultor externo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Miranda es un acérrimo crítico de las perspectivas que invitan a “desideologizar”. A su criterio, esa no es más que una estrategia para naturalizar una ideología; para hacer ver como normal y correctos algunos intereses, específicamente los de los sectores económicos más poderosos. Por eso, para el docente, más allá de los vacíos calificativos, es importante el debate histórico y teórico de los proyectos políticos.

Miranda se respalda en las definiciones de dos reconocidos autores. El primero es el politólogo y filósofo italiano Norberto Bobbio. En su obra de 1998 “Derecha e Izquierda” confronta posturas sobre temas como la igualdad o la libertad, para diferenciar los términos. A la vez, retoma otros aportes de autores como Manuel Alcántara Sáez en su artículo La Escala de la Izquierda— publicado en la revista Nueva Sociedad—.

En los partidos, parece, que la orientación ideológica (como la probidad de sus miembros y la confianza en sus autoridades) se dan por sentadas. En sus medios oficiales, el partido de Gobierno, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) —la exguerrilla— se define como socialista, por ende de izquierda. Pero, ¿lo es? A criterio de Miranda ya no, pues el Frente se acomodó a las instituciones del sistema burgués. Está desvinculado de sus bases y no tienen interés en desmontar el esquema neoliberal construido en los 90.

 

¿Es el Gobierno del FMLN un Gobierno de izquierda?

Miranda: Es una pregunta compleja porque los términos izquierda y derecha podrían entenderse de distintas manera probablemente lo que un país, en una competición política específica, puede considerarse un partido de centro ─aun con lo vacío que puede ser eso─, “de derecha” o  “de izquierda” tiene dificultades al ser percibido por las personas, países o grupos, de distinta manera.

Esto tiene su origen en la antigua asamblea francesa donde los grupos más propensos a la reacción estaban a la derecha y los más proclives al cambio estaban a la izquierda. De ahí que solía ponérsele a los partidos o agrupaciones que buscaban la trasformación, revolución o reformas “de izquierda” y los grupos que buscan contener los cambios volviendo a estados incluso anteriores, conservadores o regresivos eran considerados “de derecha”. Pero eso va variando a lo largo del tiempo en la teoría política no está muy claro.

Algunos textos clásicos hablan que la izquierda y la derecha se podría ver en función de cuál es la postura ante la libertad y la igualdad, en el sentido que si estás más orientado al autoritarismo, estás más a la derecha y hacia la liberad más a la izquierda.

Por otro lado, la dimensión socioeconómica, o la dimensión que tiene que ver con la igualdad. Si tiendes a considerar que la desigualdad es algo natural, y que por lo tanto la sociedad no tiene porqué ir contra de lo natural; o al menos no encararlo de una manera tan protagónica, si no dejarlo a las libres fuerzas de la naturaleza, vendrías a ser de derecha.

Pero si consideras que la desigualdad es un problema social causado por la sociedad, por su estructura e instituciones, y abogas por un cambio hacia una mayor igualdad, estarías considerado de izquierda. Luego tenemos las contradicciones…

Además, lo de izquierda y derecha tampoco se ve igual en un país del norte. De alguna manera, las cuestiones socioeconómicas están más resueltas. Entonces tienden a ponerse las ideas de izquierda y algunas reivindicaciones que tienen que ver con el orden de las libertades o de los derechos civiles. Esto difiere con una América Latina o África, donde las situaciones materiales no están garantizadas. He explicado todo ese preámbulo porque no quisiera que se interprete que “yo vaya a decir” que el Gobierno actual es de izquierda o derecha.

Si nos situamos en la tradición salvadoreña, el FMLN históricamente se identificó como una fuerza de izquierda, en tanto buscaba la transformación revolucionaria de la sociedad salvadoreña ─una sociedad capitalista y además una sociedad política oligarca, donde unos cuantos ricos dirigían el estado, directa o indirectamente en función de su posición de clase social─ eso en el tiempo del conflicto. Cuando nace el FMLN, en el año 80, era una fuerza considerada de izquierda sin ninguna discusión, algunos incluso asignándole el nombre de extrema izquierda.

Por otro lado, las fuerzas regresivas, los grandes grandes propietarios y sus organizaciones considerados de derecha porque buscaban la conservación de la sociedad y la conservación de los privilegios del orden oligárquico.

Llegamos a la época del neoliberalismo, en los años 90. ARENA impulsando una serie de medidas que se consideran de derecha, neoliberales: privatizaciones, medidas de desregulación de comercio, de finanzas y medidas que tendían a privilegiar a los ricos  en el esquema fiscal —haciendo que todos los impuestos fueran cargados sobre las personas asalariadas y trabajadoras mientras que los ricos no pagan impuestos— esas son medidas de derecha.

La oposición anti neoliberales es considerada de izquierda en América Latina. Estados Unidos gana la guerra fría. En El Salvador el gran capital gana la guerra e impone sus reglas y sus instituciones, además establecen cuales son los derechos válidos, generalmente de la gran propiedad, la libertad de comprar y vender.

El FMLN así como otros Gobiernos en América Latina llegan con la idea de cambiar eso. Años después nos encontramos con que el FMLN, aunque ha tenido un discurso más a  la izquierda —de hecho en su estatuto se define como socialista, en la práctica gubernamental ha gobernado como cualquier Gobierno de derecha o un Gobierno neoliberal, para ser más específico. Ha mantenido las reglas del juego de las instituciones en el orden neoliberal.

Con esto no quiero decir que haya grupos o sectores dentro del partido que busquen la transformación, pero el ejecutivo es un espacio limitado de toma de decisiones porque el país lo dirigen las transnacionales, EE.UU. la banca internacional, las clases dominantes (dominantes propietarias). Tienen más influencia en la vida pública que el Ejecutivo y la Asamblea.

Entonces, aunque en el discurso el secretario del partido (FMLN) hable de una “revolución social”, empíricamente, no hay elementos que nos puedan decir que la haya. Todo lo contrario. Parece que le acaban de recortar a la educación y a la salud, típico de un Gobierno de derecha entonces cuesta ver por dónde es que van las transformaciones.

A lo mejor encontremos que hay una mayor sensibilidad por el discurso igualitario, por los derechos universales, por la equidad de género, por tener programas sociales que no tenía antes la gestión de ARENA, pero en términos más estructurales no se puede ver que el  Gobierno haga una dirección que vaya hacia la izquierda.

¿Indentificas algún espacios o esfuerzo producido para intentar empujar al Estado hacia otra cosa que no sean estos intereses hegemónicos?

Danilo: Yo creo que hay que ir en varios planos, tú has mencionado algo interesante que es la hegemonía de los grandes capitales. La hegemonía es un proceso en el cual los intereses corporativos se convierten en los intereses de la sociedad y se naturalizan. Se ejerce la hegemonía cuando se logra  la combinación de coerción y consenso.

Además hay otros intereses más sutiles como el individualismo, el consumismo y la idea de respaldar a estas clases dominantes como los líderes sociales que generalmente no son personas o familias que “estén contaminadas por la política” porque se entiende que la política esta reducida al ámbito formal partidario, a la Asamblea. Pero cuesta percatarse que el Estado sirve a estos intereses del gran capital y de las clases sociales que no solo son dominantes sino también han sido dirigentes o son hegemónicas y que dirigen al país más allá de los puestos formales.

Se podría empezar a ver varias dimensiones. Vayámonos por el lado de la igual o la desigualdad. El salvador es un país con alta concentración de las riquezas. Según un informe de OXFAM en 2015-2016, 160 ultra ricos concentran un equivalente de la riqueza al 87% del PIB. Según la revista Forbes, dos de estos multimillonarios tienen fortunas arriba de los mil millones de dólares, lo que excede, en creces, el presupuesto de salud o educación.

Esta cúspide de la sociedad goza de todos los derechos y de todos los privilegios— salud de calidad, educación de calidad, vivienda ostentosa—, todo tipo de beneficios. Y además, la capacidad de financiar la política y recibir beneficios por el financiamiento de las campañas electorales o por tener tratos específicos con políticos y partidos políticos, o fundaciones del pensamiento, o gremiales empresariales. Entonces, van a buscar mantener esa concentración…

¿Cómo podría desconcentrar un Gobierno de izquierda?

En primer lugar, fortaleciendo lo público respecto a lo privado. La derecha lo que hizo fue fortalecer lo privado, privatizando sectores estratégicos de la economía. Un Gobierno de izquierda tendría que hacer lo contrario: fortalecer lo público versus lo privado. Público, entendiendo, no estatista. El Estado es conservador y se vuelve autoritario.

Cuando me refiero a lo público, hablo de empresas públicas. La nacionalización de la producción estratégica, agua, energía, etc. Pero también a la posibilidad que los trabajadores tengan acceso a los medios de producción, a igual que las comunidades. Es decir, fortalecer lo público, lo comunitario, a las clases trabajadoras y a las clases subalternas.  En general, me refiero a todas aquellas personas y grupos sociales que se han visto perjudicadas por la sacralización de la propiedad privada —algo que viene desde los decretos de  extinción de los ejidos y la tierra comunales en el siglo XIX en El Salvador—.

Aquí me refiero a la propiedad burguesa. Particularmente a la gran propiedad de los medios de producción. Porque tampoco quisiera sonar utópico en el sentido que, en el mundo en el que estamos, se van a socializar todos los medios de producción. Pero yo sí creo que un Gobierno de izquierda debería intentar, al menos, nacionalizar los medios de producción estratégicos. Aquellos que tienen que ver con la persistencia de la nación y del pueblo, como el agua.

Bajo ese aspecto, y con la intención inicial de lograr ubicar al FMLN como un partido de izquierda, o no, ¿identificas algún fortalecimiento de lo público?

Danilo: Entiendo que en el primer Gobierno del FMLN, Funes, sacó de las mesas directivas de diversas empresas públicas a representantes del capital, que estaba a través de la ANEP. Eso es lo mismo que quieren en el comité que va a gestionar el agua. Quieren presencia en todo y eso no es posible ¡porque estamos hablando de lo público! Claro. Viene la idea de la gobernanza. Y que las políticas públicas también la hacen los privados. Eso es ideología pura, en favor de los privados, para que se empiecen a meter paulatinamente en lo público. Yo creo que en eso de quitar la preponderancia abismal que tienen en lo público los privados creo que se tomaron algunas decisiones en ese sentido.

También estamos hablando de la concentración de la riqueza. Y de la parte distributiva de la riqueza de la producción—el motor de la economía— de los trabajadores, que producen la riqueza, que se queda el empresario.

Por tanto, el intento o el respaldo que le dio el Gobierno al aumento al salario mínimo es una medida de un Gobierno consecuente con los principios de izquierda. Ahora que eso sea suficiente, es evidente que no. Además, eso solo beneficia a quienes tienen el salario mínimo. No quiero decir que sea suficiente para resolver los problemas graves del país. Ni por cerca. Es una medida bastante superficial de cara a la gran desigualdad entre capital y trabajo. Pero es una medida de izquierda.

Los de derecha no lo hacen, o lo hacen a regaña dientes. Tienden a dejar que los empresarios exploten sin ningún control—o la libertad que defiende la derecha, como decía el filósofo Theodor Adorno— , “es la libertad para que el fuerte aplaste al débil”. Esa es la libertad que, por ejemplo, predica ARENA y que parece que es el sentido dominante de la palabra libertad en nuestra época. Bajo esto, es muy flojo el papel del Estado en este sentido.

Luego  vamos al tema redistributivo frente a una distribución que ya tuvo lugar en el proceso de trabajo. Es darle al trabajador una mínima parte de la riqueza que ya produjo. Está el papel del Estado —que en otros países implementaron sistemas de bienestar hace que el estado mediante un esquema progresivo recoja de impuestos de los más ricos y pueda redistribuir a los pobres— con políticas redistributivas como se conoce en las teorías políticas públicas.

Para el caso de El Salvador, ¿cómo haces ante un grupo de 160 multimillonarios que concentran semejante cantidad de riqueza? Haces que paguen impuestos los más ricos; desgravar o quitarle peso a los impuestos que tienen que ver con el consumo. Porque, finalmente, los multimillonarios la mayor parte de sus ingresos, no lo consumen. Es para reinvertir o para que se lo lleven a paraísos fiscales. Lo ahorran, poco de eso consumen.

Por otro lado, quienes reciben salarios —y sobretodo la mayoría que reciben salarios de hambre—, casi todo se lo consumen. Entonces, al final, a quienes más afecta el IVA es a los más pobres trabajadores que se consumen casi todo el sueldo e incluso tienen que endeudarse.

El IVA es un impuesto regresivo. Y en el país ARENA se lo puso a los alimentos y a la medicina. Se esperaría que un Gobierno de izquierda reduzca el IVA.

Además se necesita que imponga impuesto a las ganancias. Que realmente haya un peso importante de los ingresos por renta de las grandes herencias y por el patrimonio. Esas serían medidas de un Gobierno progresista, y de un Gobierno que tiene interés en el pueblo.

¿Te parece que responde el discurso del ministro de Hacienda a un Gobierno de izquierda?

Todo lo contrario. Lo que dice se puede encontrar en un manual neoliberal en los años 90: “Hay que consentir a los ricos porque ellos generan empleos y ese empleo permite el crecimiento de la economía”.

El discurso neoliberal es que hay que sacrificarse… Pero quienes siempre se terminan sacrificando son los trabajadores, las clases populares, como dice la típica frase “privatizar es socializar las perdidas”. Eso es lo que se hace en El Salvador.

Años atrás se privatizó y muchos ganaron bienes con esta privatización. Los grandes capitalistas que se hicieron con el negocio de las pensiones.

Los ricos no tienen problemas de educación y salud porque se la pagan por vía privada —si es posible en el extranjero—. A quien afectan los recortes en educación y salud es a las personas trabajadoras, a las personas excluidas y marginadas que no tienen posibilidades más que de ir al sistema público —deteriorado— que tenemos.

El ministro, cuando habla de subirle al IVA del 13% al 15%, está favoreciendo una medida violenta. El IVA es una medida violenta. El neoliberalismo es modelo violento. En América Latina ha dejado a millones de personas sin casa, sin empleo, en la marginación total, expulsados del progreso.

Se pude ver que todos los días se construyen edificios en El Salvador, apartamentos de lujo. Uno se pregunta, ¿cómo es posible que en El Salvador puedan existir estos contrastes? Es decir, que se levanten estos grandes proyectos inmobiliarios mientras la gente vive en la miseria.

Hay que decir, el del FMLN es un Gobierno que tiene un gabinete económico de derecha y se puede ver en su discurso.

Por ejemplo: En la página de Facebook del Ministerio de Economía, decían enorgulleciéndose de que Heritage Fundation y The Wall Street Journal salían diciendo que El Salvador era “uno de los países más libres de Centroamérica”. Cabe mencionar que estas son organizaciones ligadas a las élites del poder en Estados Unidos. Son muy conservadoras, muy de ultraderecha… Wall Street que  con sus fraudulentos mecanismos y operaciones financieras, provocó la crisis del 2008 ─con especulación─ como muchos dicen una gran estafa. Wall Street Journal es un periódico, o un aparato intelectual, de los banqueros y del sistema financiero totalmente desregulado de EE.UU.

Heritage es una fundación que promueve los valores capitalistas. ¿Qué significa la libertad para ellos? Prácticamente, el debilitamiento de lo público. Que no tienes regulaciones, que quitaste además —con los tratados de libre comercio— todos los aranceles. Es decir, que desprotegiste al Estado, tan desprotegido que no contamos con una política pública monetaria. Cualquier país recién independizado de las primeras instituciones que hace —por no decir que de las cinco instituciones que funda además de un parlamento, el ejecutivo, poder judicial— está un banco central y su propia moneda. Es una característica de país independiente y soberano, o sea del Estado.

El Salvador, para desgracia, a través de Francisco Flores tuvo esa mutilación de la dolarización. Entonces, ¿cómo es posible que te enorgullezcas de que te están dando una palmadita en la espalda desde Washington? Por el contrario, yo me sentiría avergonzado. Porque es la señal de la claudicación completa ante el gran capital y la posibilidad de cualquier cambio.

Uno puede evaluar un Gobierno desde distintos criterios, por el proyecto histórico. El presidente actual en un foro presidencial que se armó para las elecciones de 2014 estaba la idea que todos acuerparon de doblar el presupuesto de la educación. Además, pasar del 3% del PIB al 6%. Por supuesto demagogia pura, porque no ha subido ni al 4% con este Gobierno. Incluso se ha reducido. Yo creo que son hechos contundentes. Es difícil que lo pueda encubrir un discurso muy encendido. Ponerse una camisa del “Che” Guevara no lo hace a nadie de izquierda, ni una gestión gubernamental de izquierda a un proyecto lo vuelve revolucionario.

Planteabas ya que el gabinete económico de este Gobierno es un gabinete de derecha. ¿Podríamos ahondar en eso?

El Ministerio de Hacienda y el de Economía son claves. Creo que es evidente de un ministro que ha sido representante de los banqueros y otro que es un industrial. No digo que automáticamente van a actuar en favor de estos sectores. Está claro que, ni uno ni otro, son representantes de las clases populares, ni están ejerciendo sus labores en favor de las clases trabajadoras, salvo en algunos elementos específicos.

Tenemos un ministro que declara que se vienen aumentos al IVA “porque lo dijo el Fondo Monetario Internacional (FMI)”. En otros países se liberaron del Fondo Monetario porque vieron el daño que había causado este organismo. Argentina fue una de las principales víctimas  de las políticas del FMI y se encargaron de pagarle al FMI para desvincularse y tratar que el Estado tuviera más margen de maniobra. Lo mismo sucedió en Ecuador y en Bolivia, pero parece que en El Salvador lo que viene a decir el FMI se acepta sin tapujos por la clase política.

El FMI no representa los intereses de las clases oprimidas de los países periféricos. El FMI representa al gran capital financiero internacional y a las grandes potencias económicas que lo dirigen. El mismo FMI tiene escándalos terribles —como su titular que había recibido extra sueldos y beneficios por millones de dólares—.

Claramente, esto es incompatible con cualquier proyecto de transformación social. Parece que pusieron a este ministro porque esa fue la negociación que hubo. Además, tiene dos períodos. Me imagino que era un ministro presentable, o al menos no tan desagradable, para los intereses del gran capital y por eso no lo bloquearon aunque está en el ojo de la oposición.

Por otro lado, El Salvador buscando tratados de libre comercio con el discurso que la inversión privada va a traer empleo, crecimiento y prosperidad, pero esas fórmulas han fracasado rotundamente y me parece que es incompatible con un proyecto de transformación social.

¿Existe algún motivo, dentro de la racionalidad, que pueda explicar porque un gobierno continúa tomando medidas económicas y sociales que, a la larga, van en detrimento de su propio funcionamiento? Por ejemplo el tema fiscal: Cargar más a la población con impuestos —que si se quiere ver desde una perspectiva liberal, la medida le quita poder de compra a la población, entonces estimula menos el consumo, con ello a la producción… y eso va a generar menos empleos—.

¿Por qué un gobierno, y más uno que en teoría está dirigido por un partido de izquierda, sigue tomando medidas que atentan contra la gente y contra el funcionamiento mismo del Estado?

Me parece que el gran capital gano la guerra. Impuso sus posiciones y sus reglas. Al frente le tocó aceptar que los Acuerdos de Paz hablaran de la privatización “con la idea de hacerla más humana”. El gran capital ganó la guerra –fortalecido por Estados Unidos que le apostaron a la creación de centros de pensamiento y gremiales: la apuesta estratégica de los Estados Unidos–. Es un hecho que nos muestra en qué mesa se va a jugar y con qué institucionalidad se va a jugar.

Probablemente, no tiene caso decir “hubiera”. Ni yo soy quién para decir “hubieran hecho esto hace 20 años”. Pero creo que la historia nos da perspectiva. No sé si lo buscó el partido o no… Pero, era importante fortalecer el poder popular y la organización social a nivel de base. Eso se vio en Bolivia, indudablemente. Salía la población organizada paralizaba el país. Salían los presidentes, prácticamente, huyendo del Gobierno. Presidentes neoliberales. Violentos. Como Gonzalo Sánchez de Lozada.

Pero lo que pasó en el país es que el FMLN- que representaba el proyecto alternativo- se acostumbró muy bien a las instituciones burguesas. A la Asamblea, al Ejecutivo, que tienen su dinámica en favor del capital y no del trabajo o los sectores subalternos. Es evidente que si juegas con esas reglas y esas instituciones te van a constreñir. Si alguien quiere transformar una sociedad, tiene que mandar al carajo esas instituciones -en otros lados lo hicieron-. Hay que poner instituciones nuevas y salvaguardar lo que va a servir para el nuevo proyecto. Pero, claramente, está el sistema político diseñado para no cambiar las cosas.

Imaginémonos que el FMLN tiene la intención real de cambiar las cosas. Una lectura política te haría ver que tenés una Asamblea desfavorable. No la controlas. Está hecha para hacerte contrapeso- democrático, le han puesto-. Pero es obvio que si llega al poder al Ejecutivo una fuerza social transformadora, la Asamblea o la Corte de Justicia, van a impedir que lo haga. Sin hablar de otras instituciones, o la Constitución contra insurgente que tenemos-que sacraliza a la gran propiedad-. Un orden social burgués que tiene su propia legislación, instituciones y forma de hacer políticas públicas.

Por otra parte, ARENA había organizado el Estado de una manera muy corrupta. Conflictos de intereses notorios. Maneras de financiar la política, claramente corrupta, aunque legal. El abuso de los recursos públicos por parte de funcionarios con altos sueldos. Dejó un Estado en descomposición. Un Estado regresivo. ¿Cómo transformar una sociedad si no se barre con todo eso?

En las instituciones, que tus predecesores legaron para que no cambiaran las cosas, ¿cómo las podés transformar? Lo veo difícil. ¿Cómo hicieron en otros lados? Lo primero, convocaron proyectos constituyentes. Claro, tiene que promoverse desde la fuerza, no desde la debilidad. Al capital se enfrenta con fuerza social. No desde la debilidad de un partido electorero.

¿El FMLN ha perdido la capacidad de ser concebido por amplios sectores de trabajadores, de intelectuales, como una fuerza de cambio?

Parece que el FMLN está desvinculado de las bases. No tiene mucha capacidad de convocatoria. Si no es en elecciones, no es visible. Ahora bien. A un proyecto conservador le conviene la desmovilización y despolitización de la sociedad.

La politización que buscan las clases dominantes solo busca legitimar elecciones oligárquicas, que son el maquillaje democrático de un orden oligárquico-me refiero a oligárquico en el sentido clásico, griego, un régimen de una sociedad orientada al interés de los rico-. A lo mejor no sean los ricos quiénes gobiernan directamente. Aunque ahora lo quieren hacer. Tienen dos precandidatos provenientes de las principales familias económicas del país, no la oligarquía tradicional, tradicional decimonónica. Pero son familias que contribuyen generosamente con el partido ARENA y con otras organizaciones sociales vinculadas al capital. Es algo que hemos visto en otros países. Los multimillonarios gobernando directamente. Excluyen a la clase trabajadora del todo. —Un empresario gobernando para los empresarios; aunque ahora tenemos a trabajadores, o extrabajadores, gobernando para los capitalistas—

En 2019, probablemente la clase dominante se encuentre con un aparato militar empoderado por el Gobierno de izquierda. Y estarían dispuestos a utilizarlo de manera Brutal.

Probablemente, este proyecto histórico ha fracasado ya, el proceso de transformación. Les ha pasado a otros partidos ya. Por ejemplo, el Partido Socialista Obrero Español, el PSOE, tuvo unos inicios bastante contestatarios. No sé si alguien pueda decir en la actualidad que el PSOE es un partido de izquierda. O si tiene algo de obrero o de socialista.

El PRD en México tampoco parece encarnar los intereses de los trabajadores, de los indígenas. Entonces, probablemente estemos ante una crisis orgánica de la política partidaria y nos encaminemos a una crisis social todavía más profunda y violenta. No se ven señales de que se vaya a obrar de manera distinta. Si ya tuviste ocho años de Gobierno del FMLN y no hay señales de cambios contundentes, posiblemente, ya no los habrá en dos años más.

Si se quiere cambiar no se puede jugar a querer cambiar con las instituciones

Ante la llegada de ARENA al poder… ARENA representa al pasado, las fuerzas regresivas del país.

Lo has mencionado: No se puede jugar a querer cambiar con instituciones que siguen otro guion.

Pero, la intención de los últimos Gobiernos es no tocar nada. ¿Cómo se explica eso?

Respetar la institucionalidad habla bien de vos. Sino la respetas son un populista, un dictador. Te condena Human Right Watchers, el Fondo Monetario Internacional y los Estados Unidos. La sagrada institucional… La palabra se utiliza de manera interesada, no creo que por ignorancia. La institucionalidad no es un carapacho vacío. Es un conjunto de reglas que organizan la agencia de lo que puedes hacer. Es un conjunto una estructura. Algo que está allí con un propósito político. No es neutral, es política, en cuanto tiene que ver con el poder.

 

 

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