La batalla legal por morir en libertad

Al fondo de uno de los pasillos del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral (ISRI) está William Alberto Pérez Jerez. Él viene aquí cada martes y jueves desde hace más de tres años para sus terapias. Su cuadro clínico dice que tiene: ndrome  de neurona motora  superior,  cuadriparesia  secundaria, baja visión, síndrome  de hombro  izquierdo doloroso  por  artrosis.

Sin embargo, el síndrome  de Devic es el que más le ha generado un deterioro acelerado de su estado físico. La parte inferior de su cuerpo está inmóvil, por ello se desplaza en una silla de ruedas. Además, desde hace un tiempo no puede ver con el ojo derecho. Esas son las secuelas de la enfermedad de Devic,  la cual afecta principalmente el nervio óptico y la médula espinal.

A unos cuatro metros de William está un hombre con un uniforme gris y una escopeta. Es custodio del Centro Preventivo y de Cumplimiento de Penas la Esperanza-conocido como Mariona- , quien está encargado  de vigilarlo. William es un reo que cumple una condena de 22 años de cárcel por secuestro. Un delito que asegura no cometió.

Él adquirió el síndrome de Devic, en el 2008,  cuando estaba en el  Centro Penal de Usulután. Nunca fue atendido adecuadamente, lo cual permitió que se le desarrollará la enfermedad. Dice que los médicos le dieron cinco años de vida, pero por alguna razón ha superado esos pronósticos.

Esta enfermedad, también conocida como neuromielitis óptica, es considerada rara. En promedio, de una a dos personas de cada 100,000 la padecen. El 50 % de las personas que tienen el síndrome de Devic acaban ciegos de uno o ambos ojos o necesitan de ayuda para movilizarse.

“La enfermedad se adquiere, según estudios, por dos variantes: Una, que es una enfermedad autoinmune que se forman complejos de anticuerpo, que atacan el nervio, el nervio óptico. Y hay una variante que es ideopática, es decir, que no se sabe porque se da ese proceso inflamatorio en el nervio”, señala el doctor Daniel Mejía.

De hecho, a veces el diagnóstico médico falla, creyendo que se trata de esclerosis múltiple, la cual afecta la médula espinal o el nervio óptico. El doctor del Hospital Rosales, César Espinoza, dice que “No es tan común hacer diagnósticos de este tipo, por eso es que puede, por algún momento, pasar desapercibido ya que la ceguera puede ser de corta duración y luego recuperar la visión o puede ser una ceguera permanente”.

A pesar de esto, William podría considerarse un reo privilegiado en comparación con el resto de internos enfermos, pero eso se debe a que ha ganado varios procesos legales, entre ellos, un indulto y un amparo de la Sala de lo Constitucional.

William Pérez Jérez muestra una de las intervenciones que le realizaron en el Hospital Rosales luego de tener una recaída. / Foto: Dennis Muñoz

Ser reo en el segundo sistema penitenciario más hacinado del mundo

Desde hace un par de años, William se encuentra en en el centro penal La Esperanza, un centro penitenciario destinado para albergar a los reos comunes, es decir, a aquellos que no son miembros de pandillas. Sin embargo, esto no siempre fue así. Hasta antes de 2003, aquí convivían y sobrevivían líderes pandilleros, miembros de estructuras de narcotráfico, bandas de robacarros, secuestradores, entre otros.

Esto cambió en el 2004. Por varios meses de ese año, los roces entre pandilleros de la 18 y el resto de internos culminó el 18 de agosto con el asesinato de 32 personas de ambos bandos.  Luego de esta masacre, las autoridades de centros penitenciarios decidieron entregar los penales a las pandillas. Es decir, en cada centro penal solo estarían alojados miembros de una sola pandilla y un par más sería destinado solo para los denominados reos comunes, entre ellos, Mariona.

El centro penal La Esperanza tiene una capacidad para albergar a alrededor de 1,000 personas. Pero como pasa en el resto de cárceles en El Salvador, el hacinamiento es extremo aquí. La capacidad es superada por el número de internos en un 500 %.

En El Salvador, hasta el 17 de abril de este año, habían 38,127 internos en los 18 centros penitenciarios existentes en el país, los cuales tienen una capacidad para alrededor de 14,000 personas. Es decir, el hacinamiento en el sistema carcelario de El Salvador supera el 300 %.

Con estos números, El Salvador es el segundo país con más hacinamiento en sus cárceles, según datos del Centro Internacional de Estudios Penitenciarios de la Universidad de Essex del Reino Unido. El primero también es un país Latinoamericano, Haití, con un hacinamiento del 416 %, al menos hasta 2014.

El año pasado, la Sala de lo Constitucional declaró inconstitucional las condiciones de hacinamiento del sistema carcelario del país. En la sentencia, la Sala exigió al Gobierno y al mismo sistema judicial que realizará las medidas necesarias para mejorar las condiciones existentes en las cárceles del país.

Hasta abril de este año, de esos más de 38,000 internos en centros penales, solo el 66.27 % han sido condenados, el resto está a la espera de que se resuelva su situación judicial.

En algunos casos, es tal la saturación de personas en cada celda, que tienen que dormir de pie o elaboran hamacas improvisadas con colchas o con pitas, las cuales cuelgan una sobre otra para poder descansar de manera horizontal por la noche.

“Fue por el hacinamiento (que adquirí la enfermedad). Lo contraje (el síndrome) como una infección viral y esta infección viral se me alojó en la médula espinal, en el ojo, en la vejiga y me produjo las lesiones que ya son irreversibles…Se me paralizó la mitad del cuerpo. Me llevaron al Rosales, me dieron la atención. Entonces, no había diagnóstico. Se me hicieron unas resonancias, unos exámenes. En septiembre del 2008 fui trasladado acá, a Mariona, por la enfermedad, para que supuestamente me dieran una atención y nunca me la dieron. Yo pase prácticamente tres años sin una atención”, dice William.

A pesar de su condición física, William dice que su celda se encuentra en la segunda planta del sector nueve. Para llegar allí, necesita de la ayuda de al menos dos internos para subirlo por 22 gradas en forma de “L”.

Desde finales del año pasado, uno de los compañeros de sector de William es el expresidente Antonio Saca, quien bajo su administración se dividieron los centros penitenciarios para agrupar a los internos de acuerdo a su afiliación pandilleril. Aquí también se encuentran varios exfuncionarios de la administración de Saca, quienes son procesados por ayudar al exmandatario a desviar más de $246 millones de fondos públicos a cuentas personales.

Sin embargo, desde el año pasado, la actual administración del presidente Salvador Sánchez Cerén ha impulsado un reordenamiento en la clasificación de los internos de acuerdo a su peligrosidad.

La falta de atención médica adecuada ha provocado recaídas y secuelas en William, ya que el síndrome de Devic lo ha dejado vulnerable para adquirir otro tipo de enfermedades. Actualmente, su vejiga está dañada y para evacuar su orina, debe utilizar una sonda vesical.

William contra el Estado salvadoreño

William fue capturado en el 2001, luego que el comerciante Demetrio Reyes lo acusara de haberlo secuestrado. La víctima fue plagiada, el 20 de agosto de 2000, sobre la avenida Las Amapolas, en la colonia San Francisco, San Salvador. Por 13 días, Demetrio Reyes pasó en medio de cañaverales, en Verapaz, San Vicente.  El secuestrado aseguró que reconoció a Pérez Jerez, a quien conocía antes del plagio, cuando llegó a verlo, esto a pesar de que Reyes tenía puesto un gorro pasamontañas con el que le era difícil visualizar su entorno.

Según William, el testimonio de la víctima se debe a que su excuñado—el de William—, León Antonio Trujillo Valdivieso, quien era el subdirector de seguridad de la Corte Suprema de Justicia, convenció a Demetrio Reyes de que William lo había secuestrado.

Diez meses después del secuestro, la víctima interpuso la denuncia. Antes de eso, Demetrio Reyes había vendido sus empresas y había enviado a su familia hacia el extranjero.

“Había mucho odio contra mí por este excuñado León Trujillo Valdivieso. Ël movió amigos, jueces, magistrados de las cámaras. Cuando a mí me dan sobreseimiento definitivo en instrucción, se fue a Cámara Primero de lo Penal; y él habló con el presidente de Cámara para que me anularán la libertad y me mandara a vista pública”, expresa Pérez Jerez.

William Pérez Jérez años antes de padecer el sídrome de Devic. / Foto proporcionada por Dennis Muñoz.

Este argumento no fue suficiente para refutar  la acusación de la Fiscalía General de la República y la defensa de la víctima.

“¿Cómo es posible que esta persona se haya inventado todo esto solo porque le cae mal el acusado? ¡Esto es inverosímil!”, dijo a El Diario de Hoy, en junio de 2001, el abogado de Demetrio Reyes, Astor Escalante.

“Yo fui condenado por secuestro agravado y fui absuelto en instrucción, pero gracias a la declaración, que por cierto mintió, de mi excuñado León Trujillo, que trabajaba en la Corte le dieron credibilidad a eso y me condenaron”, dice William.

Según el abogado de Pérez Jerez,  Dennis Muñoz, el único testigo criteriado nunca señaló a William como partícipe del secuestro. Incluso señala que este proceso judicial es el único que ha ganado una casación-anulación de sentencia- por secuestro ante la Sala de lo Penal. Sin embargo, el juicio volvió a realizarse y fue condenado a ocho años de prisión.

En el año 2003, a William se le implicó en otro proceso judicial. En este caso,  Pérez Jerez junto a otras cinco personas fueron condenadas por el Tribunal Sexto de Sentencia de San Salvador por el delito de secuestro agravado. William fue condenado a ocho años de cárcel.

Siete años después de la última sentencia y tres años después de haberle detectado  la enfermedad de Devic, la defensa de William logra que la Sala de lo Constitucional resuelva un habeas corpus favorable en el que le ordena al sistema penitenciario que le dé las condiciones sanitarias mínimas y que se le dé las facilidades para que pueda tener un tratamiento médico.

Sin embargo, según señala William, esto no fue suficiente para que centros penales le respetara sus derechos. “Han querido algunas veces fregarme, pero como saben que tengo un habeas corpus. Pero aun así, me han gritado que el hábeas corpus no les interesa que el habeas corpus y las medidas cautelares se la pasan por lo huevos, señala.

Por ello, el 30 de julio de 2012, William a través de su abogado Dennis Muñoz demandó al Estado salvadoreño ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instancia que resolvió a favor del interno.

En la resolución, la CIDH ordena al Estado que adopte las medidas necesarias para garantizar la vida e integridad personal de William proporcionándole la atención médica especializada necesaria. Asimismo, que las “condiciones de detención se adecuen a estándares  aplicables, tomando en consideración su estado de salud actual, su discapacidad y su enfermedad terminal”.

A partir de estos procesos judiciales favorables, William es transportado, cada martes y jueves por la tarde, en un vehículo del sistema de centros penitenciarios al ISRI para recibir su terapia. Periódicamente, el Gobierno salvadoreño informa a la CIDH sobre el cumpliento de esta sentencia.

A pesar de ello, William asegura que tiene  obstáculos para que su familia ingrese alimentos al recinto penitenciario, ya que por su enfermedad debe seguir una dieta rigurosa, algo que no ofrece el sistema carcelario del país.

Se consultó Rodil Hernández, quien en ese momento aún era el director general de Centros Penales y negó que a William no se le den las atenciones requeridas debido a su estado de salud.

“No hay ninguna restricción que la CIDH no nos haya ordenado que le demos, no le vamos a dar más. Él es un secuestrador. Recuerden el caso de Pérez Jerez, él tiene un síndrome que lo padecen una de 300,000 personas y se le está dando la atención que el sistema le puede dar, A él sus abogados deberían de buscar otros mecanismos, creo que lo han buscado, los jueces se lo han negado, ya no es un problema del sistema penitenciario”, señala el funcionario.

De hecho, en el 2010, Dennis Muñoz pidió a la Asamblea Legislativa que perdonara la condena de ocho años de William. Esto amparado en la Ley Ocursos de Gracias, la cual  establece los procedimientos para realizar indultos, amnistías y conmutación de penas. Cinco años después de haber presentado esta solicitud, el Órgano Legislativo le otorgó el indulto a William, el séptimo indulto desde la aprobación de esta normativa en 1998.

Sin embargo, a William aún le faltan siete años más en la cárcel para cumplir la condena de 22 por el delito de secuestro agravado. Por ello, su abogado presentó, en octubre del año pasado, una solicitud ante el Ministerio de Justicia y Seguridad que le conmute la pena, es decir, que se le reduzca la condena.

“Estamos esperando que la Corte Suprema en pleno apruebe la conmutación de pena. Esperando un informe favorable. Está por demás acreditado a nivel mundial que él tiene una enfermedad crónica, degenerativa y con daño orgánico severo”, señala su abogado.

Dennis Muñoz cuestiona al Órgano Judicial por no cumplir el principio de justicia pronta, expedita y para todos. Señala que Pérez Jerez no representa ningún peligro para la sociedad porque no se puede valer por sí mismo. Dice que lo único que quiere es no salir del centro penitenciario en una bolsa del Instituto de Medicinal Legal.

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